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miércoles, 9 de marzo de 2016

El Dinero que encontré al correr

Muchas veces me he preguntado ¿a cuántos corredores le pasará lo mismo que a mi?, o probablemente mucho mejor que a mi. En éste caso, la cuestión es de dinero... sí, pero de ese dinero que uno se encuentra en las calles o los terrenos que usamos para hacer nuestros entrenamientos, o bien podría suceder que en plena carrera de competencia tu vista se tope con el brillo de una moneda o un papel que se asemeja a un billete, ah pero te acercas y resulta que sí es, es un buen billete.

Al que madruga Dios lo ayuda reza el refrán, y muchos corredores acostumbramos a correr por las mañanas, unos más tempraneros que otros, pero tenemos la fortuna muchas veces de ser los primeros en pasar por una calle, sendero, caminito del parque, playa, etc. y no lo pensamos dos veces en detenernos si la fortuna del dinero nos sonríe un poco ese día.



Mi pregunta para los lectores es:

Tú, ¿qué cantidad te has encontrado al salir a correr? Y me refiero a una sola sesión. Y mientras haces memoria, he de mencionar mis casos personales:

Monedas:  Muchas veces me las he hallado, ya no hablemos de un penny o centavo de peso, sin embargo las de 5 y 10 pesos en varias ocasiones me las he encontrado. Solo una vez una moneda de 20 pesos se atravesó en mi camino... bueno yo en el de ella.

Subamos las denominaciones:

Una vez, en una carrera de esas nocturnas me encontré un billete de 20 pesos, yo estaba calentando pero al poco rato, en cuanto terminó la carrera de 5 kms. volví a pasar por el mismo lugar y me encontré otro billete igual; fantaseando casi creí que brotaban del suelo esos billetes. 

Sucedió que en plena carrera de la Francisco Villa, hice una pausa para levantar un billete de 50 pesotes. Perdí por unos minutos el ritmo que llevaba  pero sentí que había valido la pena, ¿que tanto es tantito?

En varias ocasiones saliendo de casa y comenzar a trotar me encontré otros rosados papelitos de los de 50, y por calles donde algún transeúnte pudo haberlo visto antes que yo, pero en fin, al no haber nadie cerca el billete era para mi en cada uno de los casos. 

Los de cien pesos: solo un par de veces me los he encontrado y me pregunto ¿y éstos por qué casi no los pierde la gente? Quiero de ésta denominación para arriba (en realidad lo que sea es bueno).

En otra ocasión, al término de un medio maratón, al estar ya caminando hacia el carro para volver a casa, que me encuentro un papel moneda de los verdes, era de 200 pesos... ¡wow!  feliz por mi, pero que pena por quien haya sido el descuidado que lo tiró. Y es cuando me digo:
"¿Para que los tiran?  Bueno si los quieren tirar háganlo por donde voy a pasar, que yo sí los quiero".

Curiosamente un año después, al salir del mismo evento de medio maratón me hallé otro verde, pero en dólar, uno de 20, y por si fuera poco casi en el mismito lugar que los 200 pesos de un año antes. Y la cosa no terminó ahí, ya que en la tarde del mismo día me dispuse a trotar un poco solo para deshacerme del ácido láctico (golpeteo) de las piernas y ya casi oscurecía, y de  pronto... la luz del día me alcanzó para distinguirlo, tirado a mi derecha estaba otro billetito de 50 pesos. No lo podía creer, que el mismo día me encontrase dinero las dos veces que había salido a correr. Hasta pensé: ¿acaso alguien me está pagando los kilómetros que corro? no es necesario, porque de todos modos salgo a correr con mucho gusto... pero bienvenido sea, gracias!!



Los de 500 o Mil :  ahí si, todavía no he tenido el enorme gusto. Pero este tema me lleva a otras preguntas:

Supongamos que vas por tu récord personal en una carrera de las que más esperas en todo el año, en una de esas que dices: "Para esta carrera me preparé muy bien para romper mi récord de 5 kms, o de 10k o 21k , etc",  Y vas con todo, decidido y convencido de que lo vas a lograr, no quieres perder ni un segundo, hasta rechazas el vaso de agua que te ofrecían por ahorrar tiempo o no perder el ritmo... vas super bien, y de repente ves un billete de los más deseados, de los de bonita fachada, uno de 500 pesos, de 1000 pesos, o cien dólares (por dar tres ejemplos). Entonces ¿qué haces?, ¿te detienes por él? o ¿finges como que no viste nada? ─ Digo, yo de plano me olvido de mi récord personal y me quedo con el billullo.

¿Crees que un élite o un africano que busca el podio y los premios económicos sacrifique su ritmo para levantarlo? Tal vez ni pierda mucho tiempo si dejó a sus rivales muy atrás, pero si a pocos metros vienen los demás, pudiera ser que por recoger 500 pesos se pierda de ganar un premio de 20 mil... ¡vaya usted a saber!


Bueno, eso de hallarse un dinerito es un bonus a nuestro deporte. Es obvio que no salimos a correr esperanzados en encontrarnos algo, pero cuando sucede, ¡uff que gusto nos dá! 

Sigamos corriendo y... ¡SUERTE!









lunes, 29 de febrero de 2016

Entrenando a un Sedentario

Ella, me recuerda a mis inicios, con su trote lento, sus molestias en los pies por los tenis que amenazan con formar ampollas, y por su respiración agitada. Se estaba sacudiendo poco a poco la vida sedentaria.

Hoy no quise correr lo que me tocaba hacer y en parte para mejor apoyarla en su entrenamiento. Pude dejarla que lo hiciera ella sola, pero quise una vez más hacerlo a su lado y ser parte de su progreso.

Solo cinco kilómetros era la prueba de fuego para Ella, pero no como una prueba nueva, sino la segunda vez que se intentaba, solo que ésta vez estaba muy cansada por haber caminado mucho un día antes y por tener el cuerpo dolorido por los entrenamientos recientes. Parte del reto era ver si se lograba en menos de una hora esa vuelta al parque.

Comenzamos con estiramientos dinámicos para preparar las piernas con algo de calentamiento. Después de caminar por unos cinco minutos iniciamos con cien metros. Noté que le parecían eternos. Lo bueno es que pasan corredores, caminadores y trotadores que vienen y van en ambos sentidos... algunas mujeres que como ella evidencían su novatez al estar haciendo lo mismo: alternar caminata con trote para así aguantar la vuelta al parque. Es bueno saber que no eres el único que intenta ser corredor.

En todo momento el principal consejo fue jalar aire profundamente con un mismo ritmo. Controlar la respiración y dominarla es básico en la práctica de cualquier deporte.




Todos fuimos principiantes alguna vez. A algunos nos costó igual o más trabajo, a otros no tanto, pero todos tuvimos un comienzo.  "Yo también llegué a sufrir por completar cinco kilómetros cuando inicié como corredor", le dije... y no mentí, en ese momento pude evocar las imágenes de cuando comenzaba y por ignorancia aceleraba con todo y solo aguantaba eso por unos cien o doscientos metros máximo y terminaba muy mal, asfixiándome, con la vista nublada y la presión baja; hasta tenía que agacharme porque sentía que el desmayo era inminente, solo que jalaba aire profundamente, rápida y repetidamente mientras veía todo negro... hasta que por fin salía de ese tunel de oscuridad.

Seguimos interrumpiendo la caminata con arranconcitos de cien metros, luego de 120 metros, luego de 150 metros... yo tomaba el tiempo y la distancia en mi reloj con Gps.  De repente ya no le decía: "!una más, vamos!" sino que de ella misma salía el hacer otra repetición adelantándose un poco. Y es que le dije: "Poco a poco vas a caminar menos y vas a trotar más, o al menos esa es la idea", y "entre más peso pierdas más ligera te vas a sentir y vas a tomar velocidad sin cansarte porque irás obteniendo mayor condición física".

Que bueno es correr en un lugar donde hay gente haciendo lo mismo, trotando al paso que sea y buscando mejorar algo en su vida, ya sea perder peso, ganar velocidad, intentando cubrir mayor distancia o por sacar al perro a despabilarse mientras se hace una actividad sana. Cual fuese la razón era buena indudablemente.



Otro jalón de 150 metros y ella lo terminaba a duras penas, resoplando fuerte y con su semblante rojo por el esfuerzo. Aun así la sentía motivada y eso me daba ánimos a mi para continuar como pacer y ser entrenador en vivo, es decir correr al lado de quien se está entrenando.

Al cubrir 3.5 kms venía la subida, algo pesadita pero no se rajó, le dije: "Ya nos falta muy poco y lo bueno es que el kilómetro final es casi de bajada en su totalidad y a ese le vamos a sacar provecho, será el kilómetro más rápido de los cinco".

La bajada fue interesante, con  varios arrancones de 150 metros y que dio como resultado esperado que fuera el kilómetro más veloz de esa mañana, vaya, velocidad no es lo que se busca, tan solo aguantar la distancia, pero se consiguió, fueron 59:30 minutos en total por esos 5 kilómetros, y servirá de referencia ese tiempo para después tratar de superarlo. Ahora a relajarse con estiramientos estáticos.

Me daba cuenta que como entrenador no me iba a resultar nada sencillo el poder hacerla correr en marzo unos 10 kms. en abril unos 15, en mayo unos 18 y que se sintiera lista para correr el Medio Maratón de San Diego... pero ella quiere, y yo quiero que lo logre, y si ella quiere, puede!  Se puede lograr.

¡Muy bien hecho Lucy, pronto iremos por más!






sábado, 6 de febrero de 2016

Corriendo La Enchilada 2016

Correr la Enchilada era necesario. Ya no quería que me la contaran, debía experimentar por mi mismo esta ruta. El mejor reto que se vislumbraba para iniciar el año. Todos los corredores que conozco quieren o van a ir, ¿por qué yo no?

Había entrenado días antes unos 12 kilómetros en cerro, repeticiones de velocidad de 350 metros, que es lo que mide mi pista de tierra. El siguiente día era viernes, y decidí inscribirme a la famosa carrera con nombre de comida mexicana.
Lucy para ir a su trabajo por Zona Río, de raite me dejó en el CREA. Mientras se hacía mi inscripción al ya cercano evento, platiqué un rato con Carlos de los Angeles, el organizador.
Habría mil medallas para los participantes, aunque se pronosticaba superar esa cifra de mil.

Imágenes por: Yo también corro en Tijuana.

Al salir de ahí, pensaba trotar unos pocos kilómetros y luego tomar un camión o calafia para llegar a casa. Fue cuando me di cuenta de un grave error, que olvidé dinero para pagar el transporte público. Así que sin pensarlo me dispuse a caminar en línea recta para regresar a casa. Alternando un kilómetro de lento trote por uno de caminata confiaba en llegar entero y pasada la hora.

Allá voy por la parte de tierra del canal de la vía rápida. Me toparía con muchas cuestas para llegar al fraccionamiento donde vivo. Me cansé bastante. Que de ser posible ese día debí tomar un trote muy corto o de plano no correr. Fue un agotamiento innecesario previo a la carrera. Llegué dos horas después a casa con piernas muy cansadas, hambriento y sediento. Ah, pero eso sí, con mi número de inscripción en el bolsillo. Creo que puedo correr esta carrera en unos 55 minutos, ¿será? Pese al cansancio quería ser optimista.

Descansé totalmente el sábado. Y me preparé mentalmente para participar en la carrera. Que salga como tenga que salir, en fin que seré primerizo en esa ruta.

Lo siguiente no sería nada novedoso contarlo si quien lee también participó en la carrera. Pero para quienes no lo hicieron, esto ocurrió desde mi perspectiva:

Amaneció lluvioso el día. Pocas veces me ha tocado una carrera con lluvia. Apenas calentar en el Crea por espacio de 2 kms, ya había charqueado y bueno, yo no soy de usar nada que me cubra para el frío si estoy en una carrera, ni como en este caso nada para evitar la lluvia con frío.
Se dio el arranque pasaditas las 8 de la mañana con una multitud de corredores entusiasmados y dispuestos a enfrentar un gran reto, sin importar las condiciones climáticas. ¡Esas son ganas de hacer deporte, de correr!



No estaba muy atrás ni muy adelante, pero si del lado de los carros estacionados. De pronto eran centenares de personas delante de mi, pues me tocó el lado que avanzaba lento. Los carros estacionados ahí nos estorbaban.

Al pasar el Hospital General al fin pude comenzar a pisar el acelerador, pero había perdido terreno en el que bien me pude ahorrar segundos que me restarían al final por lo menos un medio minuto.

En el suelo se dibujaban nuestras siluetas. Parecía que la lluvia jugaba con nuestros reflejos pero más bien nosotros deshacíamos en cada pisada  nuestras propias siluetas puesto que no querían permanecer intactas ni un solo segundo.

Nos dirigimos hacia el puente que lleva a la avenida Internacional. Había energía, el clima fresco siempre me ayuda. Así me fui un rato muy bien acompañado por Heriberto Rodarte, un joven al que considero como gran ser humano y corredor.
Nos fuimos evadiendo charcos hondos y lagunas. Al rodear las más grandes el tránsito de corredores se volvía algo lento, al menos yo no quería aflojar el paso. No me importó meterme en algunos charcos, que igual ya no quedaba nada seco en mi ropa de cualquier manera.



Fueron 5 kms que hice en 21:21 minutos. No era el tiempo que había planeado. Además ya íbamos en ligera subida.
Subiendo la cuestota que poco a poco se inclinaba más, fui bajando el paso. Muchos me dejaron atrás aquí. Pero no quise apresurarme, sabiendo que corro fuerte en las bajadas y para ahorrar energía.

Al marcar 6 kilómetros en 26 minutos supe que en 52 no iba a llegar a la meta, pues lo complicado apenas comenzaba... pero en 56 minutos creo que si me como ésta enchilada.

Parecía interminable la pendiente... sube que sube, algunos caminando por segundos, otros no paraban, demostrando gran fortaleza. Tenía que imitarlos. Me dejaban, y una nueva oleada de gente me daba alcance. Deseaba que ya terminara esa cuesta para retomar la velocidad, que nunca he sido muy veloz pero tengo lo mio para dar un poco de batalla. Nuevo tiempo estimado para terminar... unos 58 minutos.

Al bajar, la calle se veía peligrosa  y apta para un resbalón. Dejé que las piernas se me fueran al paso que quisieran tomar. Sentí que apenas las podía controlar pues iban aumentando el ritmo drásticamente a 5:00' minutos por km. a 4:30, a 4:00', luego a 3:40', y se acabó aquel declive cuando ya iba con viada de 3:20' por km.  Luego era ascender una cuestecita más, por lo cual aquel ritmo no me duró mucho. Con aquella viada obtenida la subida ya no fue tan lenta. Que alivio que costara mucho menos trabajo que la anterior.



Enfrente ya se veía el mar. Era una milla más o menos lo que restaba para arribar a la meta. Como todo lo que sube tiene que bajar aproveché para rebasar a cuanto corredor pudiera. Las bajadas son lo mío, pensaba.
Vi a Heriberto ya como a unos cien metros adelante ─quien se me había escapado hasta por unos 150 metros─, me le iba acercando poco a poco con la idea de cruzar juntos aquella meta. A los pocos segundos lo tuve a como a 80 metros, luego a 60, a unos 30... pero ya no me alcanzó el espacio, como él iba volando ya ni mi paso fuerte fue suficiente. Entré unos 6 segundos detrás de él. Sin embargo, yo muy contento por lograr que el kilómetro final de todo el recorrido fuera el más rápido que pude correr de todos los 12 kilómetros con 250 metros extras que conformaron el trayecto.

Nos felicitamos; incluso el joven que llegó atrás de mi me felicitó por el paso que llevaba, me preguntó por mi categoría y me dio la impresión de que no me creyó al decirle que estaba en la de 40 años. Por cierto que la categoría en la que Heriberto y yo estamos es una muy fuerte, que el top 3 quedó dentro de los 14 primeros que cruzaron la meta. Nosotros fuimos aproximadamente los lugares 68 y 70 en llegar, satisfactorio para mi pues un objetivo era quedar dentro de los primeros cien, y el otro igual lo había conseguido después de todo, el llegar en 55 minutos.

Superables esos 55:18 minutos que hice, así que le tiraré a 52' en la siguiente, si no es que a menos de eso.


Fotografía tomada por: Lucy Domínguez

Que bueno que llevaba ropa extra en el carro. Lucy ya me esperaba... no me quedé mucho tiempo con aquel viento frío que nos lanzaba el mar. De solo pensar en la palabra enchilada y estar tan mojado tenía hambre. Nos fuimos de ahí, rumbo a Rosarito, a buscar un buen desayuno y descanso.

Gracias por tu visita!







jueves, 21 de enero de 2016

Corriendo entre Chamizos



Diez kilómetros. "Vamos, que solo te toca hoy diez kilómetros hasta medio cerro".
El reto es llegar. Cubrir el nada sencillo e irregular trayecto. Lo hice hace cuatro días a paso un tanto tranquilo. Hoy estoy seguro de que lo puedo hacer un par de minutos más rápido… hoy que ya no hace tanto frío, sin embargo, al parecer si sopla un viento pasajero.

Sorpresas tendría por todo el camino. El corredor insaciable versus Salsola tragus.

Subir y que una planta rodadora o corredora del desierto se me atravesase por enfrente no era la gran novedad, pero si un augurio que quise ignorar.

Quería manejar un paso promedio de seis minutos por kilómetro, que en ese terreno escabroso no es nada sencillo. El viento aquí arreciaba, por la altura, nada comparado con lo que se siente dentro de las zonas urbanas.

A los dos kilómetros y medio parecía que iba escoltado por las maromeras, esas ramas secas y casi redondas cuyas raíces se despiden de la tierra y se desprenden, decidiendo que vagar es lo mejor después de las lluvias. Apiladas a mis costados y algunas enfrente, me obligaron aumentar el grado de dificultad al subir de pronto las laderas. Detenerme o regresarme no era parte de mi plan.

Cuando al fin corría libremente, una muralla espinosa me sorprendió en el sendero. Los matojos rodantes parecían mofarse de mi. El viento los hacia crujir, eran sus risas burlescas. ¿por qué será que algunos las llamas brujas? 

Estepicursores, plantas rodantes, chamizos, capitanas o cachanillas; recibe decenas de nombres de acuerdo
a la región del país, sin mencionar los que se suman en todo latinoamérica y el mundo.


Subí un trecho, pisando fuerte pero cautelosamente. Eludí la barrera de cachanillas mientras rehuía de las que venían en avalancha. Que bien que mis piernas iban blindadas con calcetas altas, que las sorrascas pequeñas no conseguían arañarme a pesar de chocar contra mi, como si tuviera un imán que las atrajese involuntariamente.

Cuando me enfrenté a la cuesta larga, el viento se tornó tan fuerte que sentí como me empujaba, pues estaba a mi favor, aunque casi lo asumí como presión, que aquello no era suavidad, no, eran empellones que me exigían que no aflojara el paso.

Tijuana ya se veía abajo y la vista siempre me genera satisfacción, pensaba cuando de pronto me distrae una especie de esfera girando y flotando un poco más arriba, a unos cincuenta metros sobre el pedregoso suelo. Me pareció increíble. Nunca antes había atestiguado algo así. Era una de ellas, una bola del oeste que con alas invisibles viajaba a merced del viento con destino… desconocido. Lamenté no cargar con que capturar la imagen de ese objeto volador, un rodamundos muy bien identificado por mi.

Después de un rato de sube y baja en el abrupto terreno de la falda del Colorado había que regresar. De bajada el viento que me había empujado ahora me frenaba al encontrarnos cara a cara, más no consiguió disminuir mi paso que había apurado para compensar el tiempo perdido entre los obstáculos que resultaron ser las salsolas, pero ¿cuántos nombres tienen estas soledades o bolas de paja?

Seguí un estrecho sendero para evitar el camino bloqueado por que el que ascendí, pero éste no era sencillo, subía un poco la inclinada ruta, y si pisaba mal podía rodar cuesta abajo, aunque sin duda las plantas rodadoras estaban ahí listas para amortiguar un posible tropiezo, que por ventura nunca me ha sucedido al pasar por ahí.



A unos cien metros hacia abajo atrapó mi atención aquella extraña combinación de viento furioso y las bolas de estepicursores, que polvosamente iban dando tumbos hasta tapizar el techo de una de las casas que estan a un lado del barranco. Su patio ya estaba lleno de ellas. Imaginé la engorrosa labor para sus habitantes cuando se dispusieran a retirarlas.

Más caminos bloqueados. Mis pies se hundían levemente en un suelo aun blando y humedecido por las recientes lluvias. Sorteando el caminito tuve que subir y bajar varias veces por esa ladera.
Luego tuve que saltar hasta un metro para pasar al otro lado de la grieta, una abertura que me separa del camino principal, pues el estrecho puentecillo de tierra estaba fuera de servicio, cubierto por un enorme montículo de chamizos cuyas espinillas ya se atrevían a atravesar las calcetas buscando punzar mis pantorrillas. Fue un imprevisible doble salto en el que casi topé contra el suelo, cortesía de la fuerza de gravedad, pero el buen equilibrio estuvo a mi favor.

Abandonando la parte correspondiente al cerro, estaba a kilómetro y medio de completar mi distancia, la que me propuse cubrir en el día. Atrás dejaría esas legendarias salsolas, las de los mil nombres, las bolas que ruedan enigmáticamente en las películas sobre vaqueros rudos y temerarios en zonas desiertas del viejo oeste.

Terminé esa inesperada aventura en dos minutos y medio más rápido que varios días atrás. No cabe duda que el clima es tan voluble en nuestra ciudad que nunca sabes lo que te espera en el camino, a pesar de que ya hayas pasado por esas mismas sendas decenas de veces. 




miércoles, 20 de enero de 2016

Película McFarland

Ya hace tiempo que no recomiendo una película sobre el atletismo en éste blog de corredor. Será que las dos anteriores que vi me parecieron que no valían tanto la pena por su simpleza y la falta de profundidad en la trama o conocimiento sobre el running. Pero vamos, he aquí una mucho mejor lograda y que merece verse:

McFarland (2015) 
Ya me la habían recomendado mucho, pero no había tenido oportunidad de verla.



De que se trata?
Un entrenador escolar de futbol americano se ve obligado a cambiar de residencia y de trabajo, para lo cual se muda a la ciudad de McFarland, situada en California al norte de Los Angeles. Ciudad pequeña y poblada mayormente por latinos.

El entrenador Jim White (protagonizado por Kevin Costner), descubre entre sus jóvenes alumnos que tienen más talento para ser corredores que jugadores de futbol americano; por lo tanto se encamina en una nada sencilla labor de convencimiento para formar el club que represente a su escuela ante competencias de Cross Country de la región. El problema radica en que los chicos están más que negados a participar, no creen en él ni tampoco en sí mismos. No obstante, el equipo de forma finalmente, pero no de muy buena gana por algunos de sus integrantes.

White, deberá involucrarse con los miembros de su equipo para conocer sus estilos de vida, de las arduas tareas de trabajo en el campo, así como de sus problemas personales y familiares para intentar de convencerlos de que deben seguir corriendo, de que pueden llegar muy lejos si se lo proponen.

La historia es sencilla pero efectiva. Es la búsqueda de la superación tras los errores y fracasos , anteponiendo la fe de que se puede lograr lo que uno se propone tarde que temprano si se insiste en el esfuerzo.




En lo personal, hubo momentos en que las subtramas ─que igual son muy entretenidas─ me parecían largas, pero lo adjudico a mi amor al deporte que ya quería que volvieran cuanto antes a la trama principal y que los chicos se pusieran los tenis, verlos entrenar y sobre todo competir en esos bonitos paisajes de campo traviesa y ver si resultaban ganadores o por lo menos que mejoraran.

Llama la atención que de los siete corredores que conforman el equipo ─sin contar al coach─, solo tres de ellos parecen ser habilidosos para correr y sobre todo que uno es "gordito", entonces si por puntuaciones por equipo se ganan las competencias ¿cómo pueden conseguir algún triunfo corriendo? Eso es en parte lo que vuelve interesante la conmovedora trama.

Otro punto a favor sobre la película: Que está basada en hechos reales, sucedido a finales de la década de los ochentas.

No podría revelar más porque merece la pena verse. En esta historia encontrarás motivación con su trama inspiradora y no te extrañe si al terminar de verla quieras salir a correr subiendo y bajando una colina o simplemente salir a trotar un rato.

Nota: Dura un poco más de dos horas y pensamos en verla en dos partes o sesiones, pero el argumento logró atraparnos de modo que no quisimos dejarla para después.








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