Segidores en Google

jueves, 11 de diciembre de 2014

La Misteriosa chica de la playa

Era una tarde como cualquier otra: Salí a trotar a la playa, pues vivo en Rosarito, y me aprovecho de esta cercanía —a la playa— todos los días; para ir a correr ligeramente un rato, ya sea en la mañana, o en la tarde noche.

Lo que era fuera de lo común es verla a ella allí, sola, sentada en una de las rocas adjunto a la playa, llorando. Traté de ignorarla, y seguir mi trote; pero mi masculinidad me lo impidió y le fui a preguntar si le ocurría algo.



—Estoy muy confundida. —Me contestó—. Pues estábamos nadando muy a gusto, y mientras una ola me tumbó, al salir ya no había nadie, solo yo... Estoy muy confundida.

—Te has de ver golpeado; a lo mejor tienes algún tipo de amnesia. Venga, si gustas te acompaño al bulevar; para que tomes un taxi a tu casa —Le dije—, mientras veía su preocupación en los ojos.

—No, mi familia debe estar por aquí, los esperaré hasta que vengan.

—Muy bien, —le dije— voy a estar por aquí entrenando, en otro momento me doy otra vuelta para ver si ya vinieron por ti; o por si gustas, acompañarte a un taxi.

Pensativo, seguí trotando, sentido contrario de donde estaba ella; pero recurrentemente volteaba hacia atrás, para ver su silueta como iba quedando atrás. Eran como las 5 y fracción de la tarde —de un día de Marzo— de estos para terminar el invierno.



El sol se empezaba a meter entre las nubes y el horizonte; pensando que las cosas para ella se complicarían por la oscuridad; opté por regresarme, a donde estaba ella.

Y mientras me dirigía a esas rocas, donde estaba sentada, me preguntaba a mi mismo:

—¿Qué le habrá pasado en realidad a esa muchacha?

No andaba muy lejos de donde ella estaba, pero la marea empezaba a subir, y ya veía golpear las olas, las rocas donde ella reposaba sentada. Mientras seguía en mi trote. a la distancia, veía que su cara daba la vista al mar, pero en repetidas ocasiones me percaté que me dio varios vistazos

Al llegar; noté que seguía extrañada, no era tan tarde, y la penumbra apenas estaba por comenzar, y le pregunte:

—¿Estás segura que no quieres que te acompañe a tomar un taxi?

—No. No quiero preocupar a mi familia, por aquí han de estar y no han de tardar en venir por mi.

—Mira, ya esta oscureciendo, no hay gente y aquí no llegan las luces, creo que es mejor que te lleve a un teléfono o a un taxi, a la policía si gustas... Además la marea ya está subiendo.



Con los ojos llenos de gratitud y a la vez tristes, me tendió la mano; y mientras la ayudaba a levantarse, una ola grande nos golpeó, y en un destello de mar, ella se me desapareció. Mis manos se quedaron tan solo mojadas.

Parado ahora al lado de donde ella estaba, salté hacia el mar, mar a dentro, pero no la encontré...

Ya estaba oscuro, cuando decidí volver a casa, y mientras me retiraba volteaba hacia atrás; tan solo veía en la penumbra las olas golpear aquellas rocas.

Quise platicar lo ocurrido a mis amigos, a mi familia; nunca lo he hecho. Algo me dice que no lo haga; pues nunca jamás nadie me lo podrá creer.


Narración de: Leopoldo Espinosa
Título original: La Muchacha en las Rocas
Cortesía de: Leyendas de Tijuana.  http://leyendasdetijuana.blogspot.mx/




sábado, 6 de diciembre de 2014

Los Tres Chapulines Colorados

Tres personajes que corren por: La superación personal de un niño, un joven víctima de Bullying, y el que desea vencer el miedo a la distancia de maratón...

Tres amigos a punto de correr su primer maratón, Manuel, Víctor y Juan, comenzaron la siguiente conversación:

 Manuel, y,  ¿como es que te animaste a correr esta distancia? ─pregunta Juan.

─Pues mira, de niño y en quinto año de primaria, recuerdo que acabábamos de entrar del recreo, y había olvidado ir al baño, así que le pedí al profesor que me diera permiso de salir e ir al sanitario, pero me dio un rotundo y gritado ¡NO!, que todos en el salón se me quedaron viendo.

─Bueno pero un error lo comete cualquiera, le dije al profesor.
─Si, pero 500 errores también los comete cualquiera ─me respondió.

─Pero entonces, ¿que hiciste? ─interrogó Víctor.

─Nada, yo que era mas noble que una lechuga, me quedé tristemente sentado en mi pupitre, miraba hacia las ventanas abiertas, y no saben como deseaba en ese momento tener una pastilla de chiquitolina para escaparme sin que nadie se diera cuenta.  O, tal vez si tuviera un chicharra paralizadora, dejaría al profe petrificado por unos minutos para salirme del salón, llegué a pensar.
En fin, me juré que un día cuando creciera, sería tan hábil e ingenioso como mi héroe favorito.

Después de una hora con mis piernas apretándose entre sí, solo puse cara de que moría de dolor de estómago y, ya al fin se apiadó de mi ese profesor, y me dio permiso de salir, yo corrí de un extremo al otro para llegar a la puerta de salida, pero no olvido las palabras del profe que en ese momento me dijo: “Aunque corras, no creo que vayas a llegar muy lejos”...
Y recordando eso decidí animarme a por fin correr los 42 kilómetros.



Y tu Víctor, ¿como es que decidiste participar? ─le preguntan.

─Pues, algo parecido, ya que una tarde regresando de la escuela, y tras un extraño silencio detecté con mis imaginarias antenitas de vinil, la presencia del enemigo, sentí miedo, puesto que como ya era costumbre, ahí estaba un grupo de vagos en un callejón por donde debía caminar para llegar a casa, solo un poco mayores que yo, y ya en varias ocasiones me habían agredido, pero no me defendía de sus empujones, golpes y palabrotas por ser ellos cuatro vagos experimentados contra un chico sano y serio… y temblaba, el cúnico había pandido en mi de solo verlos.

Que ganas tenía de extraer de alguno de mis libros un mágico chipote chillón que había dibujado, y que aunque fuera de plástico, que doliera como una roca para agarrarlos a golpes.

Pero ese día todos mis movimientos estaban fríamente calculados, así que en un descuido de ellos, y a pocos metros de tenerlos frente a frente, escondí los libros escolares tras un ancho arbusto, y entonces ya al verme, ellos comenzaron con esa molesta rutina de empujarme.
Y mi plan que ya había trazado dio marcha al decirles: “los reto a que me dejen en paz, con una carrera de aquí hasta el bulevar, si me alcanzan me golpean todo lo que gusten, y si no me alcanzan me deben de ignorar cada vez que me vuelvan a ver de ahora en adelante, a ver si son tan fuertes y tan valientes".

Desde luego que ellos ignoraban que yo era mas ágil que una tortuga, y corriendo, mas fuerte que un ratón, y que era campeón de velocidad en la escuela... y que además me estaba armando de valor para lanzarles ese reto.

Tuve suerte, pues lo aceptaron, aunque no sabía si alguno iba a resultar mas veloz que yo, aparte de que el mencionado bulevar quedaba a una milla de distancia… así que corrieron y corrieron como locos detrás de mi, y uno a uno se fueron quedando, agotados y con la lengua de fuera, solo uno aguantó un kilómetro y venía a unos veinte metros detrás de mi, y como era uno de mi estatura, me detuve, voltee a verlo, como esperándolo, y se sorprendió de no verme igual de cansado que el.
Con las manos apuñadas y en posición defensiva lo enfrenté: “¿Y tu que me vas a hacer?,  ya perdieron… no contaron con mi astucia”.

El, simplemente agachó la mirada y se regresó a trote lento con sus amigos.
Después de eso, de verdad que caminaba ya contento por las calles de mi colonia, y para ellos yo simplemente ya era invisible.
Así que ya saben de donde saqué la motivación para correr este maratón.



Ahora solo faltas tu Juan, ¡cuéntanos!

─Pues mi caso es mas simple, yo le tenia miedo a ésta distancia, bueno aun me queda un poco de cúnico, digo, de pánico, pero siempre quise venir hasta esta ciudad para correr el maratón, sobre todo mi esposa adoraba la idea de venir a conocer, de compras y turistear en ella.

Cada mes que pasaba yo seguía indeciso:

─Si quiero, sería grandioso ir... si me inscribooo... le decía a mi esposa.
─Pues sí, animate y hazlo ─respondía ella.
─ ¡Si me inscriboooo!  ─ le repetía yo de nuevo.
─Lo sé, y yo también quiero ir ─añadió ella.
─Si me inscriboooo- seguía yo con mi cantaleta, fingiendo valentía y desesperándola un poco.
─Si pues... ¡hazlo yá y luego me avisas! ─ me dijo ella en tono demandante.  

No me atrevía a aceptar que quería inscribirme, y poco después, a pesar de que había quedado seleccionado en el sorteo y, de estar entrenando ya mucha mas distancia que un medio maratón me acobardaba con la idea de correrlo, hasta que...

─ ¿Entonces, que?, ¿Vamos a ir o no Juan?, ─inquirió mi esposa una tarde.

─No sé, ya estoy entrenando hasta 30 kilómetros, me siento bien, pero dicen que uno se topa con el famoso muro a partir de ahí y… y luego llegan los dolores en las piernas… no, pensándolo bien, creo que mejor me rajo ─ le dije.

─Mira, como ya lo había sospechado desde un principio, conociéndote, que no te atreverías, te tengo un regalito… ¡ya estás inscrito al maratón de Nueva York! ─agregó ella, mostrándome la pantalla de su computadora.

─ ¡No lo puedo creer, amor, gracias!… ¡en serio gracias por aprovecharte de mi nobleza! ─fue mi respuesta.

Y así fue como decidimos participar en este importante evento… pero amigos, esto ya va a comenzar, preparen sus piernas, sus escudos que son sus corazones, y ¡síganme, síganme los buenos!, que esa magnífica meta en Central Park todos la tenemos que cruzar.



 -En memoria de nuestro admirado Shakespeare mexicano: Chespirito.

  Héctor Buelna M.




jueves, 4 de diciembre de 2014

Mi mas memorable medio maratón



El Señor Leopoldo Espinosa nos narra una experiencia especial, la de una carrera inolvidable, que sobre muchas otras, se quedó en el alma y corazón de su protagonista.¡Gracias por compartirla amigo Polo! 



El tiempo que va pasando, como la vida no vuelve; y sin embargo hay eventos que se nos quedan por siempre en la memoria, rezagados; en el disco duro de nuestra mente; olvidados aparentemente. Algo que para otras personas no fue importante, nosotros guardamos; sin darnos cuenta. Vivencias que dejamos pasar de largo, pero aquella que nuestro yo interno, el que lleva las funciones de la mente por algo decidió archivar, mantenerla guardada, para qué: ¿Una lección? ¿algo importante? ¿què?

Dicho de otra forma, esa flor que recogiste una vez y sin pensarlo en Otay Mesa, después de haber recogido mil y otras mil que volviste a recoger después, todas desaparecieron; pero esa, la de Otay Mesa se quedó ahí... Por un motivo, en el lado oscuro de tu mente. Y de repente algo sucede, tal vez otro evento, o una palabra; algo le da "enter" a esa función maravillosa de la memoria para que se abra el archivo...


Y, vuelve esa flor a la luz otra vez.


Era el año de 1991 —dentro del margen de la etapa más feliz de la vida— cuando todas las tardes, o al menos tres veces a la semana iba a entrenar al CREA; o a la Unidad Deportiva frente al COBACH. Correr y nadar eran entonces mis deportes favoritos, por supuesto y andar de andariego... que todavía me encanta.

Cuando entrenaba en esos puntos de encuentro deportivos, siempre me sentí como si estuviera entre mi gente, y aunque fuera la gente con la que me identificaba, no iba a correr o a nadar para hacer amigos; los cuales nunca me faltaron, porque siempre tuve un grupo de amigos, no importa a dónde me llevara el destino, siempre pertenecí a un muy buen grupo de amistades.

Y como entonces yo era el único que corría, cuando se hizo una convocatoria para una carrera de medio maratón, fui yo el que se hizo a la tarea de representar a mi grupo, que entonces eran Ofelia, su hermana Raquel, su hermano Héctor y el adoptado Jaime; que con entusiasmo me dijeron que iban ir a recibirme a la meta, en las gradas del CREA; una familia que recuerdo con admiración por que aparte de haber perdido ellos a sus padres, adoptaron a Jaime; que igual, se había quedado sin padres.

Yo estaba muy entusiasmado, iba a ser mi primer medio maratón; y llegué a mi casa presumiéndole a mi papá de mi próxima hazaña, correr de la Catedral al CREA, ¿Cuál sería mi sorpresa que mi papá me dijo que me iba ir a ver? Para mí lo fue, es que... yo nunca fui de sus hijos favoritos, y nunca se había interesado por ninguna de mis actividades; pero lo que me preocupaba en realidad era su forma tajante de ser tan crítico. Por eso, se me ocurrió echarle más ganas a las prácticas, y los días previos me fui a correr a la cancha de futbol de la Unidad Deportiva, y como le calculaba que los 21 kilómetros del medio maratón equivalían a 12 vueltas al campo de futbol, decidí en esos seis días que faltaban, correr 12 vueltas al campo, cada uno de esos días antes del maratón, ¿por qué nadie me dijo que esto iba ser tan contraproducente? Es que no pregunté, y yo creía que esa era la forma correcta de prepararme; y como quería impresionar a mi padre y a mis amigos, los cuales me iban ir a ver, para echarme porras...hice eso.




Era jueves, y el sábado era el día de la carrera; pero ya me dolía todo el cuerpo, había entrenado de más toda la semana, y no me quedó otra que ir con el doctor, y me dijo: —No estás en condiciones de correr, te has sobre ejercitado, y, muy probablemente no vas a llegar ni a la mitad de esos 21 kilómetros... —Pero doctor, mañana es viernes, ¿puedo descansar todo el día? —Adelante, no hay peor lucha que la que no se hace, me dijo.

Y todavía de pilón, el viernes amanecí con un dolorcito como de torcedura en la espalda... ¡Dios mío, ¿por qué no pusiste los medios para preguntar "antes que nada" la forma correcta de prepararme para esta carrera?. Esas 24 horas de ese viernes se me fueron como agua entre las manos, pero yo no iba a defraudar a mis amigos, ni mucho menos a mi papá (mi peor juez).

El sábado desperté haciendo ejercicio de estiramientos con el cuidado de no echar a perder más los músculos... pero la espalda no me perdonaba ningún movimiento... Aun así, me fui a la tan esperada cita, frente a Catedral, donde me inscribí y el número me dieron, me atendió una joven que se llamaba Yolanda Calvillo, que luego vine a conocer.

Éramos un grupo más o menos de cien corredores, "tienes que aguantar" me decía a mí mismo cada vez que la espalda y las piernas me lo reclamaban... Sonó el silbato, y a correr...

No lo podía creer, estaba corriendo; corríamos hacia la Zona del Río por la calle Segunda; iba igual que todos; las y los corredores... "Tienes que aguantar", "tienes que aguantar" se convirtió en mi canción que llevaba por dentro. Quería llorar, no tanto por el dolor, pero por la emoción de ver que si podía, aunque el dolor seguía.

Cuando entramos a la vía rápida; me di cuenta que en las calles que se entroncan a la vía, estaba mi "Mustang II" con mi papá y amigos siguiéndome y gritándome: "¡Corre, Polo, corre!", era más grande el compromiso y más la exigencia. No sé cuántas veces había pasado por esa vía rápida en carro pero todo se veía nuevo ahora; porque al correr, y con la canción que me había inventado a mis adentros, todo era más emocionante.

En uno de esos entronques buscaba a mi carro con mi gente; nunca se los platiqué, pero creo que por eso no vi una piedra, la cual mal pisé y me fui hasta el suelo; me terminó de tronar la espalda, pero aun así logré levantarme, ya faltaba poco para llegar al CREA; y ya no vi mi carro con mis "fans", porque ya se habían ido a las instalaciones deportivas, para recibirme.

No tuve alternativa que seguir mi carrera caminando.

Ya no me preocupaba nada, hice las paces conmigo mismo, y me olvidé de complacer a mi papá y a mis amistades. Este accidente ocurrió apenas unos 500 metros para llegar a la meta; pero ya no me dejó correr el cuerpo. Aun así, no quedé en último lugar, quedé en el lugar 67, y entré caminando, disimulando que no me dolía nada, con mucha dignidad... Pero era obvio que algo estaba mal; y los directivos que me recibieron fue lo primero que me preguntaron "¿estás bien?" —Claro, una pequeña caída, pero todo está bien, les dije.

Me checaron. Inmediatamente alguien me dio un analgésico, yo buscaba a mi gente en las gradas....

"Felicidades, te diste el lujo de entrar caminando y mira todavía están llegando corredores", me dijo Ofelia ya que la encontré con mi papá y los demás en las gradas.

Con perdón de ustedes, para mí fue una carrera de leyenda, tal vez de las últimas que se organizaron de la Catedral al CREA.

Hubo otras carreras, otras de medio maratón, otras que corrí solo, y otras competencias más; pero esa que corrí de la Catedral de Tijuana al CREA, allá cuando mis años mozos, cuando todo era bello y hermoso, revive y vuelve a revivir; y al recordar vuelvo a llegar dignamente a la meta, y me veo otra vez en el CREA; rodeado por gente que ya no está, que ya se fue; pero me sigue echando porras desde el más allá, aunque usted no lo crea.

—En Memoria de mi papá Ignacio, y Yolanda Calvillo. Y un saludo a tan admirada familia de Ofelia, donde quiera que estén—.





Narrada por Leopoldo Espinosa, tema publicado y tomado de su blog: Leyendas de Tijuana,  http://leyendasdetijuana.blogspot.mx/





lunes, 1 de diciembre de 2014

Yo, corredor de distancia

Pintura de Susan Delaine


La luna teñía de plata sus gotas de sudor
La soledad del lugar lo invitaba a meditar
Pensó en la distancia que enfrentaría con valor
Apenas viendo el sendero que debía pisar.

Pocas luces a los lados de pronto lo distraían
pero volvía a sumirse en un mar de pensamientos
Recordó las viejas glorias y anheló las que venían
Valorando sus pisadas en días de lluvia y de vientos.

¿Yo, corredor?
¿En que momento me convertí?
Creía que no estaba hecho para esto,
pero esto si está hecho para mí.

¿Yo, corredor?
¿En que momento me sucedió?
Pensé que era una loca aventura
Locura que un día a mi vida se añadió.

Fresca noche de verano y el no deja de correr
Sus músculos buscan distancia con gran determinación.
Se siente tan bien que quisiera ver así el amanecer
Recorriendo rincones del mundo a donde señale el corazón.

El aroma de los pinos ya le dan la bienvenida
El desea detenerse solo para contemplarlos
Baja el ritmo de zancada y absorbe aquella vida
Atesora formas y colores, solo para no olvidarlos.


¿Yo, corredor?
Si recuerdo que al comenzar
al exigirle prisa a mis pies
me sentía desmayar.

¿Yo, corredor?,
¡Si dos cuadras no podía recorrer!
Apenas podía con mi alma
y ni mi cuerpo lograba sostener.

Los minutos volaron y el ya iba de regreso
Pensaba en sus seres amados, en su madre y en sus besos.
De frente miles de estrellas parecen querer guiarle
Y la mas grande centelleaba como queriendo cuidarle.

Le cantan historias los grillos y también algunas ranas
de cosas que el nunca comprende y les contesta con ganas:
"Amigos, fui y vengo de pasada y me voy de aquí contento
Con saber que son felices valió la pena el experimento (vivirlo).

¿Yo, corredor?
¿En que momento me convertí?
Creía que no estaba hecho para esto,
pero esto si está hecho para mí.

¿Yo, corredor de distancia?,
¿En que momento me vino a pasar?
Me siguió esta bendita locura
que bueno que me dejé alcanzar.


Texto creado por Héctor Buelna M.







domingo, 30 de noviembre de 2014

La Patada de mula

 Siempre que me invadía de optimismo y con ganas de sentirme fuerte y tan ágil como los atletas que veía en la tele, en los juegos olímpicos específicamente, me iba a trotar a la carretera que queda cerca de casa, a menos de un kilómetro. Hacía lo poco que sabía sobre estiramientos y comenzaba.

Era a inicios del nuevo siglo, y algo me perseguía desde que era adolescente y hasta ese momento. Algo que ocasionaba que correr fuera sinónimo de dolor y no precisamente de salud. Quería hacer mas distancia o dejar mis huellas de velocidad sobre el asfalto, pero de nueva cuenta esa visita inesperada fue tan constante en mis intentos que pasó de ser inesperada a una molestia ya esperada.
Lo mio era el gym  y no correr, pero mi espíritu libre buscaba expandir mas esa libertad dejándome llevar entre amplias calles o en este caso la carretera.


En ese tiempo tenía un amigo, un vecino mucho mayor que yo, no recuerdo de que ciudad era, pero era del sur de nuestro país, super delgado el, (nada que ver a como lucía yo) le encantaba correr, me invitaba a la carretera a practicar. Aprendí mucho de el viendo como hacia las cosas. Me platicaba de algunas carreras dominicales a las que asistía, y que le gustaría que yo tomara una buena condición física para que lo acompañara.

Pasaron semanas y tuve algunas mejorías, ya aguantaba mas tiempo en movimiento, solo que no podía ir al paso de el y yo terminaba corriendo en solitario y mucho menos distancia. ¿Por qué lo menciono a el?, porque siento que pude haber sido corredor desde muchos años antes -desde que lo conocí- y pude haber aprendido mucho mas de el, pero desafortunadamente tuvo que regresarse a su ciudad de origen y yo quedé algo desmotivado, ya no fui tan constante en los entrenamientos, además que yo ya comenzaba a querer meter velocidad para tratar de seguirle el paso justo cuando se marchó; y extrañé a ese vecino, que como me hubiera ayudado con la novedad de esa "visita", por lo menos con algún consejo.
Justo era por acelerar y tomar aire a grandes bocanadas que esa canija visita llamada “Patada de mula o de caballo” me daba una y otra vez cada que salía a correr. ¿Qué estaba haciendo mal?.


Cambié de terreno yéndome al parque mas cercano, sobre tierra, alrededor de un lago y entre eucaliptos y, de nuevo me atacaba ese dolor a un costado del estómago, del lado izquierdo. Debía bajar el paso, a veces detenerme y caminar, pero el sentimiento de que correr no era lo mío me llegaba una y otra vez.  Muchas veces se repitió lo mismo, a pesar de que no corría seguido, ni siquiera podría llamarme a mi mismo “corredor” en ese entonces por no practicarlo muy a menudo.

Al documentarme un poco sobre el tema, vi que el dolor conocido como patada de mula ataca a muchos corredores principiantes, era básicamente causada por la mala respiración, un descontrol del ritmo de la misma y por un exceso de aire tomado por la boca.

Así que tomando en cuenta eso, pasados los años cuando retomé los buenos hábitos de trotar y correr, me propuse cuidar mucho mi forma de respirar, siendo consciente sobre ello al correr, y ya no solo llevándome los dedos de una mano para presionar sobre la zona dolorida. Ahora ese malestar se iba pronto. Mi ritmo o control de la respiración cambió, y por ende la mencionada patada de mula dejó de visitarme. No era ella, era yo quien le abría la puerta a la visita. Sin embargo, ya le he dicho adiós definitivamente al corregirme, bueno espero que nunca mas toque a mi puerta ni a la de nadie.

                             ------------------------------------------------------------------------------------------------


Si padeces de este mal, aqui te dejo mas información importante para que puedas erradicarlo :





Archivo del blog