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jueves, 20 de octubre de 2016

7 formas para recuperarte rápidamente


¿Cómo recuperarte después de una fuerte carrera?

En el mundo del running, hay quien corre con intensidad una distancia larga (carreras de fondo) y tras cruzar la meta se detiene en seco, da unos pasos, colecta la merecida medalla, la camiseta conmemorativa, la bebida deportiva, etc. para enseguida retirarse a descansar sentándose en algún rincón o bajo la sombra de un árbol. Pero, ¿qué es lo que en realidad necesitan nuestras piernas después de ese gran esfuerzo realizado? Y  ¿cómo prevenir o minimizar las dolencias los siguientes días?



Recomendaciones para una pronta recuperación:

1- Camina o trota después de llegar a la meta:  Imita a los profesionales, ellos cruzan la meta y al poco rato ya se les ve trotando tranquilamente uno o dos kilómetros, ya que pese al cansancio, saben que al hacerlo están acelerando el proceso de recuperación del cuerpo, además de comenzar a remover el ácido láctico de los músculos, y de ese modo no estarán tan adoloridos al siguiente día, y pronto regresaran a sus fuertes entrenamientos. 

2- Trota al siguiente día: Si acaso no pudiste trotar o caminar después de cruzar la meta (o por olvido), lo puedes hacer al siguiente día; a veces basta con un par de kilómetros. Sentirás tus piernas resentidas por la reciente carrera en que participaste, pero al día siguiente notarás notables mejorías con solo caminar. Puedes trotar un día si y uno no mientras te recuperas, y a la vez puedes ir aumentando la velocidad poco a poco.

3- Hielo o agua fría:  Si sientes muy doloridas las pantorrillas, cadera o cuádriceps, puedes usar compresas de hielo para desinflamar esas zonas musculares; o bien, si tienes manera de darte una baño con agua muy fría (de la cadera para abajo o solamente las piernas) también te será de mucha utilidad. Si es muy fría, alterna segundos entre una pierna y la otra.

4- Estira:  Una vez que cruzaste la meta (y después de un trote leve) dedica al menos unos diez minutos a realizar estiramientos estáticos, y si combinas un poco con los dinámicos, mucho mejor, así irás regresando a la normalidad el rango de movilidad de tus piernas. A veces hasta platicando con los amigos pueden realizar juntos los estiramientos.




5- Masaje:  Si tienes masajista de cabecera, solicita su servicio;  si no es el caso, tal vez un familiar o tu pareja te lo pueda proporcionar, o en último de los casos, tú mismo te puedes dar un leve masaje (siempre algo es mejor que nada). Te ayudará mucho para recuperarte e ir disipando esas ligeras molestias en las piernas o como comúnmente se le llama entre corredores: “quitar el golpeteo”.

6- Alimenta tus músculos:  Sólo tú sabes el gran esfuerzo que te costó terminar esa carrera de 10 kilómetros, ese pesado medio maratón o ese agotador maratón que parecía interminable, así que date el lujo de comer bien, pensando en la recuperación; come de preferencia lo que sea de rápida absorción y digestión, lo que te proporcione proteínas y carbohidratos, como puede ser: pescado, que te aporta proteína, minerales y vitaminas, así como frutas, o bien una comida formal que contenga verduras y granos enteros (como arroz, maíz, trigo, etc.).

7- Siesta:  Después de la carrera, al paso de algunas horas es normal que el cansancio te haya provocado cierta somnolencia, si este es el caso, date el permiso de tomar una reparadora siesta, que bien puede ser de 20 minutos, media hora o hasta una hora completa. Siempre una siesta acelera la recuperación, y con una mente relajada regresarás más rápidamente a tus actividades habituales.

Entonces, no necesitas esperar semanas o un mes para recuperarte y volver a correr, si sigues éstos consejos podrás estar en las carreras casi cada fin de semana pero sin molestias o lesiones.

¡No dejes de moverte! Que si lo practicas con moderación:  “Correr es una verdadera fuente de Salud”. 





viernes, 14 de octubre de 2016

Maratón Querétaro 2016

16 kilómetros por fin, y pensé: "¡Apenas 16 y ya me siento muy cansado!... qué envidia de la buena me dan los de medio maratón, que solamente correrán 21 kilómetros".

El equipaje que me llevé a Querétaro, incluía cuerpo amarrado, quiero decir, lleno de nudos o nervios hechos bola, tensión desde la nuca hasta la espalda baja, la ciática, esa, milagrosamente no dolía, pero a cambio de eso, tres días antes me salió una dolencia nueva en los meniscos de una rodilla, la cual de repente me dolía con sólo caminar, ¿así cómo iba a correr el maratón el domingo 2 de octubre? Lucy me tuvo que sobar las dos noches previas, le dije cómo lo hace la señora que me da mis masajes, y al parecer ayudó "algo", aminoró el malestar... y es que la señora Mary, quien es mi masajista desde hace más de cuatro años, por vez primera no estuvo disponible por enfermedad. Pues ni hablar, me mentalicé de sacar el maratón como pudiera, como me sintiera, que aquel viaje en realidad eran nuestras vacaciones y el maratón era lo de menos.



Aquella madrugada me escapé a oscuras del hotel, tomando camino hacia un Oxxo que estaba a tres cuadras. Con sólo caminar, me sugestionaba que pudiera doler la rodilla y oh sorpresa, que llego y la tienda estaba cerrada, a pesar de anunciar que se abría a las 6:00 a.m. Sería la primera vez que correría un maratón sin tomarme un café, el cual en lo personal siento que siempre me ayuda un poco, sobre todo a comenzar muy despiertito y con energía los primeros metros de una carrera. Y no, no había otra tienda por ahí cerca, y en la habitación del hotel solo teníamos la versión descafeinada para preparar.

Muy tarde dio inicio el maratón, a las 7:45 a.m. pudiendo haber comenzado desde la siete, pero no se programó así. Ahí arrancamos, un tanto revueltos con medio maratonistas y algunos despistados de 10 kilómetros que no salieron a tiempo... por cierto, que mal que revuelvan tantas distancias ¿Por qué no dejar esa carrera de 10k para el sábado (un día antes) tal como hicieron con el 5k?




A nuestras espaldas, a unos 800 metros, estaba el Estadio Corregidora, en el cual encontraríamos la meta al regresar, por lo cual se vislumbraba una llegada agotadora, pues el estadio se encuentra en un punto alto y nosotros comenzamos con bajadas.

Iba tranquilo, con temor a que doliera algo, y por la altura de la ciudad, que con sólo recordar lo mal que me sentí en la Ciudad de México, no quise acelerar mucho. Las camisetas rosas dominaron las calles muy rápidamente, mismas que me hicieron pensar en la reciente y desorganizada expo, que para ser del Rock and roll, no dieron siquiera las muestras de productos como acostumbran, no, aquí todo se vendía, era más bien un tianguis. Para que nos dieran el número (bib) hubo que subir escalones en aquel recinto, para que luego nos regresaran abajo, para que llenáramos y firmáramos un formulario y regresar con él, hacer cola de nuevo y que nos dieran por fin el dichoso número... de ahí a buscar donde dieran la camiseta, porque las indicaciones no estaban muy claras que digamos.

Cinco kilómetros apenas arriba de 25 minutos y de bajadita alternando con calles planas, eso significaba que me iba a costar mucho trabajo completar todo el recorrido. Ya iba bastante sudado. Mantener un ritmo arriba de 5:00' por km me costaba mucho esfuerzo, sin duda la altura de 1800 metros sobre el nivel del mar, en mi caso si estaba pegándome. 

Algo curioso, que aproximadamente cada 200 metros me tenía que secar el sudor de la frente, pues me escurría con aquella facilidad, como si me exprimieran la mollera, y así lo haría por todo el recorrido.



Subimos un par de puentes en aquella larguísima recta, los cuales nos esperarían de regreso para vernos pasar de nuevo.

Diez kilómetros en 50 minutos no estaban mal si lograba mantener ese paso por mucho tiempo, pero, la cosa es que meter ese tiempo me costó mucho. Veía un poco frustrado como mucha gente iba fresquecita, como muchas muchachas que sin mayor problema me pasaban por un lado, y yo sintiéndome como si llevara encima (sobre mi espalda) un costal de 10 o 15 kilogramos. 

Los puentes quedaron atrás, y fui recuperando el optimismo, recordándome que estaba ahí para disfrutar el recorrido, y entonces, en eso me enfoqué, en pasarla bien.
Las manos de los niños saludando no las quise pasar por alto, pues además nos brindaban frases de aliento como: "Tú puedes", "No te rindas", etc. Algo que nunca he visto siquiera en el maratón de Mexicali o Tijuana y que aquí en Querétaro tendría el gusto de ver y oír en todo el camino de los 42 kms.


Camiseta verde les tocó a los runners de 10 kms.


Finalmente entramos al centro de la ciudad, la parte que me interesaba ver. Nos encontramos pisando los adoquines que adornan atractivamente la ciudad. De repente la arquitectura colonial me transportaba a otra época, parecía que alguna carreta jalada por caballos saldría por algún callejón, y me hubiera gustado oír el repiqueteo de los cascos sobre la dureza de las adoquinadas calles, que por cierto no fue nada sencillo "correrlas", ya que es un piso extremadamente duro, petreo e irregular, que bien puede uno tropezar si te descuidas tantito. Fue por aquí donde los 16 kms me hicieron pensar en que el cansancio que sentía era anormal en mi, que el maratón me iba a costar muchísimo, ah, pero lo terminaría costara lo que costara, de eso no tenía la menor duda.

Seguimos por calles de pavimento, paseando a un lado de un canal, uno extenso, muy bonito, muy cuidado, acicalado con puentecillos y algunas bancas, siempre bajo las sombras de árboles que no pude identificar, salvo alguno que otro álamo. Ese canal para nada olía mal, y a lo largo y a un lado de él, de ida y vuelta nos toparíamos con la mitad del trayecto. El km 21 me marcó 1:51 horas, muy lento, pero aún con esperanzas de hacer unas 4 horas en total.

Celebraba la mitad de aquel reto correspondiendo a las sonrisas y palabras de aliento de parte de los espectadores a pesar de estar subiendo; lo que no sabía es que habría una infinidad de cuestas más por delante.
Extrañé el llevar un suero como casi siempre lo hago en mis maratones, o que me lo entreguen en el km.28 como en San Diego. Muchas cosas que me funcionan no serían mis aliadas esta vez para ayudarme en mi rendimiento.

Fobia... ¡¡No los ví!!


A partir de entonces, cada kilómetro que me echaba al bolsillo, me auto-felicitaba para mis adentros, pensando en: "Así hazlo, uno a la vez... poco a poco caerán todos los kilómetros que faltan, pero concentrado en uno a la vez". 

Quería estar ya corriendo a un lado o debajo del famoso acueducto, pero por más que avanzaba, aquella legendaria construcción parecía una mentira trazada en el mapa del recorrido.

Por el km 26 entramos a un parque, uno que en efecto estaba señalado en el mapa que revisé un día antes. Fue bonito rodear un lago el cual tenía su propio dique, y por un camino de tierra, por el cual las piernas descansaban un poco de tanta calle rígida y ondulada. De pronto un malestar parecido a la molestia de la ciática me aturdía en la parte derecha de la cadera. Tuve que estirar dos veces, pues no me dejaba trotar cómodamente esa sensación.

Dimos una vuelta olímpica a una pista deportiva que está dentro de ese mismo parque, y justo después de hacerlo ya estábamos tomando las calles nuevamente. Para eso un señor joven se me había pegado, y me iba sacando mucha plática,  y en verdad que estaba interesante todo lo que me contaba, pero tanto a él como a mi nos costaba mantener el paso y hablar, y eso que el venía de la ciudad de México, de mayor altura y yo pues... de casi del nivel del mar. Aproveché para entrar rápidamente a un baño de una gasolinera; así me despedí de ese joven. Perdí un poco mas de un minuto, pero algo que no olvido es que en el sanitario había un espejo, y al verme en él, vi a un corredor sonriente, sí, pero bañado en sudor completamente... nuevamente pensé, "esto no es normal en mi ¿o sí?".



Aunque había amanecido muy fresco el clima, ya hacía calor, pues eran como las 10:30 de la mañana y llegaría como a las 12 al famoso estadio de futbol. Me dí un máximo de 4:20 horas para llegar a la meta... así mejor, relajadito era como me convenía irme y para poder disfrutar el recorrido.
Lo bueno es que habían muchos árboles, y siempre procuré "irme por la sombrita". Tomé un gel, el cual me aportaba también algo de cafeína, aunque éste estimulante suele calentar el cuerpo, es decir, que quizás era contraproducente tomarlo, pero pues requería de energía para completar ese reto... kilómetro 32,  ¡vamos, uno a la vez!

Algo que tuve que hacer infinidad de veces, fue el quitarme la sweat band del brazo y exprimirlo, para por lo menos seguirlo usando húmedo y no empapado. ¿Debí usar gorra? creo que no, pues igual hubiese quedado bien mojada en pocos kilómetros. Otra cosa, que de tanto tallarme la frente al intentar secarme, me estaba lijando la piel... no lo sabía en ese momento pero los días siguientes tendría la frente como si me hubiera quemado feamente por el sol, pero no fue por el sol, fue por tantos restregones, o bueno, la combinación de ambas cosas.

Caminé por un buen tramo... no entrené para caminar en un maratón, pero resultó que por primera vez en mi vida me iban sangrando un poco los pezones, noooo! lo que me faltaba. Era natural, con tanto sudar la poca vaselina que me había puesto para prevenir este tipo de molestias se había desvanecido. Lo que hice fue meter las manos por dentro de la camiseta a la altura del pecho para que no rozara más la tela sobre la piel... funcionaba, pero era incómodo trotar así; al sacar las manos el ardor volvía y no quería de ninguna manera que aquello llegara a manchas de sangre. Volví a meter las manos, ya qué!
Una guapa muchacha en la banqueta me vio con la manos ahí metidas y creo que entendió lo que me pasaba; ella reprimió una sonrisa y pude leer en su mirada que se compadecía de mi.




Un ciclista creo que me vio muy mal, o pensó que tenía problemas de falta de energía que me obsequió una pequeña soda en lata, la cual al principio sentí como una bomba en el estómago, pero al poco rato me ayudaría a correr, sí a correr y no sólo trotar por unos dos kilómetros. Muchas gracias a ese gran ser humano que ayuda a otros de manera incondicional, sin conocerlo a uno, sin esperar nada a cambio que no sea un simple "gracias".

Como al km 36 la camiseta ya estaba casi seca, en parte a que la temperatura seguía en ascenso. Ya no tuve más la molestia de los "pezones de corredor".
No muy a lo lejos, un espejismo,... ¿el acueducto estaba ahí o era real? No era espejismo, ahora sí estaba por trotar a un lado de ese imponente monumento histórico, erigido en el siglo XVIII, cuya longitud alcanza los 1300 metros. Lástima que no llevaba cámara para tomarme fotos, digo, ya que iba tan despacio, de haberlo sabido como me iba a sentir, una camarita hubiera sido el mejor gadget estando en una ciudad tan atractivamente colonial como ésa.

Por el km. 40 íbamos en subida, ya faltaba muy poco. La rodilla no había dado lata, aunque influyó en mi decisión de irme más lento que como de costumbre.
Enseguida me surgió otra novedad, una molestia que se había estado acrecentando cada vez más en el km 39, me tomó por sorpresa su intensidad, una especie de calambre me quería dar en un antebrazo, el derecho. Uno pensaría que corriendo solamente dan calambres en las piernas, por lógica, pero este malestar, que en otros maratones ya se había asomado, dándome ligeras sensaciones de dolor, ahora, esto se había intensificado como nunca, sólo que tuve algo de suerte, pues ahí estaban los paramédicos en una esquina para apoyar. Me acerqué y pregunté que si podían ponerme en el brazo del spray que rocían para calambres y dolores, a lo cual respondieron afirmativamente; les comenté en tono de broma: "ah, ¿pero no me van a descalificar por ponerme, verdad? ya que así le hacen en Mexicali, ─ ¡No, claro que no (sonrieron), aquí no hacemos eso! ─contestó el joven que me aplicó el spray. Como magia, poco a poco se fue esfumando ese inesperado dolor.

Una medalla como ésta nos esperaba al concluir el reto.


Subiendo por la calle donde comenzamos, a un lado del hotel donde nos hospedamos, tenía más ganas de parar y de llegar al hotel a descansar, que de continuar.
¡Vaya ruta! tan llena de cuestas y de pilón, subir y subir para llegar al estadio Corregidora. Caminé unos cien metros en la cuestita final, con algo de pena pues había mucho público enfiestado, repartiendo palabras de ánimo por doquier, pero seguí, motivado con la feliz idea de que en unos 500 metros me toparía con la meta.

Escurridiza meta, como pocas veces, no aparecía o yo iba tan lento, creyendo que corría. Una vez adentro, el suelo parecía de foam, los pies se hundían un poco y no avanzaba como quería, ¿a quién se le ocurrió cubrir con eso el tartán? No crean que le di mucha importancia a eso, solo corrí y corrí hasta cruzar el arco, hasta pisar el último tapete electrónico, hasta detener mi cronómetro, que extrañamente me puso contento pese a ser en mi haber el maratón más lento que jamás haya hecho:   4:17:23 horas en total.

Caminé tras recuperar el aliento, subiendo los estrados junto a corredores que avanzaban lentísimo, porque tenía prisa por encontrarme con Lucy, pero para esa hora ella ya iba de regreso al hotel o sí estuvo ahí cuando llegué no me vio por tanta gente que se iba reuniendo.

Me dieron mi medalla de finalista... luego fui por una camiseta extra de finalista que habían prometido darnos también, pero ya no había de mi medida; acepté otra talla. Luego pedí indicaciones de la salida y del guardarropa, pero nadie (del staff) sabía nada.
Buscando la salida me topé con los que entregaban la cerveza, pero a diferencia de otros maratones del rock 'n roll, aquí nos dieron la lata al tiempo, sí, arrancádola del six, a temperatura ambiente pues estaban ahí asoleándose... bueno, ¡ya qué! Me la llevé conmigo, que en el cuarto de hotel le pondría hielo y seguramente sabría buena.



Mis piernas dolían de cansancio. Lo acepto, la altitud de la ciudad si me afectó en mi rendimiento, sin embargo, dentro de lo que cabe el esfuerzo que realicé, siento que sí disfruté del recorrido, que al fin de cuentas, si no lo hiciera, nada de esto valdría la pena. Pero, ¿volvería a correrlo? No.

No lo correría a menos que lo dejen como estaba antes, para conocer la verdadera esencia del maratón de esta preciosa ciudad del cual su gente se siente muy orgullosa, y no hablo únicamente de la ciudad sino orgullo también por su maratón.

En pocas horas, las quejas de los Queretenses en el facebook del maratón eran tremendamente negativas hacia los organizadores foráneos del Rock 'n roll; la gente pedía que se fueran y les dejaran hacer el maratón que ya tenían, que la ruta era malísima, llena de cuestas y poco atractiva, que revolvieron distancias y el maratón se vio muy deslucido, que la expo fue un desastre, etc. Sólo por mencionar unos cuantos aspectos. 

No cabe duda que en la búsqueda de un maratón distinto, te puedes llevar muchas sorpresas. Pasaremos por muchas cosas agradables y también por algunos sustos, pero esa noche dije: "¿Y si en diciembre voy a Mazatlán y corro el maratón Pacífico? ... ¡ Es que uno no tiene remedio!









martes, 27 de septiembre de 2016

Entrenamiento en el Bosque del Cóndor


Un poco de altura viene bien como entrenamiento final para maratón. Ambos, Ninfa y yo nos lanzamos por diez millas, lo cual sabe a poco cuando asistes a un lugar tan singular como éste, y quisieras irte lejos, mucho más lejos, pero debes mesurarte y cumplir con lo que toca.



Hace ya unos seis años de la primera vez que tuve el gusto de trotar ahí. Recuerdo que resentí la altura, y que a duras penas pude cubrir 15 kms. Sólo fue falta de costumbre, ya que poco después volví y ya todo fue normal y por consiguiente, mucho más disfrutable.




Aquella muralla de árboles (de la foto) es por donde uno continúa si se busca algo más que 16 kms  y desde ahí te sientes en verdad que atraviesas un bosque. Es mi parte favorita del recorrido, el pasar por ahí cada vez que vamos por 25, 32 kms o una distancia mayor.




"Cuando no era corredor, soñaba con serlo. No fué fácil el proceso, pero de pronto un día, ya estaba disfrutando de lugares lejanos, de todo tipo de atmósferas, de la aromática naturaleza y de kilómetros con belleza inimaginable". 

Correr en el Bosque del Cóndor siempre resulta muy estimulante en muchos sentidos, tan sólo el contacto con la naturaleza te recuerda que estás lleno de vida y que merece la pena estar ahí.




Caminos anchos y mayormente de tierra, que se prestan para entrenar a paso fuerte, son el camino; por eso no es extraño encontrarse aquí a los mejores corredores de la región. Por mi parte, como aficionado que soy, espero volver para entrenarme para el medio maratón Silver Strand de noviembre, y posiblemente para un maratón decembrino.




Marco Jiménez  hizo una distancia mayor que la nuestra, a quien agradezco sus consejos, pues él es un gran maratonista, incluso acaba de ser aceptado en Boston, maratón que correrá en abril del 2017.
Ninfa Uribe, en éste caso fue mi compañía de inicio a fin en mi entrenamiento, ambos, junto a otros tijuanenses correremos un maratón en pocos días.







El antes (calentando) y después (la llegada) de correr los 16 kilómetros, de la señora Ninfa. Ella no quiso parar hasta no llegar al arco... no supe por qué, pero tal vez por su parecido a una meta de carrera, aunque sirvió para tomarle esta foto del recuerdo en la famosa entrada del Cóndor.



Marco quiere ir por los maratones "majors", yo llevo dos de esos y mi meta es parecida a la de él, aunque hay una veintena de maratones de México y fuera de mi país que me atraen y ¡los quiero correr todos!

Ninfa, ya lleva varios de los mejores maratones del país, entre ellos Mexicali, Tijuana, Coahuila (maratón Lala), Ciudad de México y próximamente, Querétaro.

Como le dije hace poco a un amigo: 

"Comencé corriendo sólo por adelgazar, jamás pensando en viajar para correr en otra ciudad... pero uno inicia en ésto y no sabe hasta donde sus pies lo llevarán".






miércoles, 21 de septiembre de 2016

Medio Maratón Tecate 2016



El 18 del presente mes se llegó la fecha de cumplir el reto, correr el medio maratón de Tecate, pero no sólo eso, sería seguir hasta completar 32 kilómetros, como parte de mi entrenamiento para maratón.

Qué curioso que hacía un poco de frío antes de las 7:00 a.m., y digo qué curioso pues estaban por aumentar drásticamente los grados de la temperatura ambiental.

Entre la demora en las inscripciones, saludos a mis amigos y en averiguar donde dejar mis cosas, no supe como perdí tanto tiempo, que mi calentamiento fue prácticamente nulo, que apenas comenzaba a querer calentar y hacer estiramientos dinámicos cuando se oyó en el voceo que ya arrancaría la carrera, muy puntualmente a las 7:00 a.m.

Iba con mi amigo Nacho Zamarrón y corrimos de inmediato hacia la cola del grupo, y la carrera ya había comenzado. No me importó mucho, pues no tenía intención de correr a tope los 21 kilómetros, que además se comienzan con una buena y prolongada cuesta.

Me fui platicando a pasito tun-tún con Nacho y Luis Morúa durante un medio kilómetro; me despedí y con la idea de ir aumentando el paso poco a poco, ya que esa cuesta y ese paso me servirían de calentamiento. Enseguida me encontré a Gabriel Flores, quien ya había acumulado en sus piernas 50 kms un día antes en el ultra Noble Canyon, y como él, algunos miembros más de su club. Gabo me contagió de su actitud y, yo sabía que mi reto era pequeño comparado con el de él, así que, inspirado seguí aumentando el paso poco a poco y a la vez saludando a cuantos conocía.



Después de la primera vuelta en U ya se había recorrido 2.6 kms... aproveché la bajada para irme a un paso menor a 4:00' por km. Luego me sorprendí que la señora Ninfa iba al mismo paso que yo al emparejarme con ella en el km 3.5. La acompañé un rato, platicamos un poco y nos deseamos suerte.

5 kms en apenas 26 minutos no estaba tan mal por haber hecho la mitad a paso lento, pero ya me estaba poniendo las pilas para no bajar el paso.
Km.8, medio gel, agua y a seguir subiendo por la carretera. Fue grato ver a los que venían de vuelta, los grandes corredores como el mexicalense Daniel Valdez, adelante, en solitario, poderoso, sin que se le notara cansancio, y poco después Alexis Verdugo de Tijuana buscando darle alcance... y así aquel desfile a mi izquierda prosiguió e incluso algunos a quien acostumbo perseguir iban ahí, pero esta vez solo alcanzaría a quien se fuera agotando pues yo no iba empleándome a fondo, solo quería aguantar el ritmo que llevaba hasta el final.

El calorcito ya lo resentía, y bueno, a excepción del primer abastecimiento, todos los demás no fallaron. Por el kilómetro 14 me tomé la mitad del gel que había dejado, llevaba otro por si se ofrecía más adelante, aunque nunca lo usaría.

Al parecer mis entrenamientos recientes de distancia me ayudaron bastante a que el constante sube y baja por las onduladas calles de Tecate no me cansaran mucho. Así fui sumando zancadas, metros y kilómetros hasta lograr oír el barullo de la gente que en el parque Los Encinos ya aplaudían y recibían con entusiasmo a los corredores que uno a uno se acercaban a la meta, sí, faltaban menos de mil metros y ya se captaban esos sonidos de felicidad... y la alegría iba reemplazando el cansancio en los corredores que a mi lado apretaban el paso para llegar con un buen cierre.



Crucé la meta muy contento por lograr llegar en 1:45:30 horas, apenas dos minutos y medio más lento que un año atrás, señal de que si no estuviera yendo por 32 kms, entonces hubiera superado por mucho mi tiempo; estimo que 1:37 horas hubiese logrado... pero bueno, ya será para la próxima.
Al final del reto me enteraría que quedé en el lugar 122 general de 1150 corredores, numerito que me gustó. Mientras tanto, y a paso realmente tranquilo buscaría cubrir 11 kms más.

Entre caminata y trote me acerqué por mi medalla, mi camiseta y un litro de bebida deportiva. Ni hablar, tuve que invertir unos cuatro minutos en ésto: parar en seco, amarrarme la camiseta al cuello, acomodar la medalla bajo la camiseta verde para que no se moviera como péndulo al continuar corriendo. 
Tomé calles desconocidas pero céntricas, luego usé el camino del tren, aprovechando la tierra, y por un momento hasta volteé por si no venía el tren. Había cumplido con la primera parte, correr el medio maratón de Tecate, el más duro y complicado de la región bajacaliforniana, y con optimismo renovado seguía buscando más.

La botella me pesaba en la mano, así que (muy a mi pesar) la destapé, mojé uno de mis muslos, para bajarle el calor, enseguida el otro, bebí un poco, y así aminoré el peso del envase. Me fui rumbo a la ruta de los corredores, a la altura donde ya faltan seis kilómetros para que terminen... vi que algunos ya caminaban... alguno que otro me veía tal vez pensando que equivoqué el camino o que por algún problema me había salido y que por eso estaba en el lado opuesto de la calle; igual la gente que afuera de sus casas o negocios me veía como pensando que yo había perdido el rumbo, incluso, hasta una patrulla me pasó por un lado e igual se me quedaron viendo. Estaba otra vez recorriendo nuevas avenidas.

Para el km. 26 me topé con la ruta del medio (otra vez), iba en sentido contrario y por un caminito de tierra cerca del canal, ¡sí, ese que huele a rayos!
Pronto me había quedado sin líquidos, ¡ah pero ahí andaba mojándome las piernas por no cargar peso extra!  En eso me metí mejor al sentido de los corredores que ya se acercaban a la meta del medio maratón. En el último abastecimiento me hicieron el favor de rellenarme a un cuarto la dichosa botella; no pedí más pues sentí que no tenía derecho de beber de nuevo, pues se veía que les quedaba poca agua y aún venían corredores atrás, sabrá Dios cuantos más y que tan lejos.


Me encontré a Verónica Galvez, una amiga y nueva corredora, quien batallaba por avanzar. Decidí acompañarla hasta la meta para darle ánimos, y es que sé lo que se siente por ir adolorido de una pierna y estar tan agotado... no obstante, le echó ganas y me separé para verla cruzar la meta mientras yo tomaba la calle opuesta para evitar cruzar otra vez el arco de la meta. Más de uno se me quedó viendo, confundidos porque aparentemente no quise cruzarla, y es que ya lo había hecho.

De nuevo tomé el mismo camino, animado pues ya me faltaban únicamente 3 kms. Detrás de una plaza descubrí un trail, ¿cómo no lo vi desde un principio? Bajé hacia él, cansado del pavimento y el asfalto. Nuevamente, me había quedado sin algo para beber, pero no me importaba ya mucho.
No me quise ir muy lejos, estimando 1500 metros para regresar al punto del evento. Y, como suele pasarme, me emocioné en el último kilómetro y le di fuerte al paso, a como saliera, para sacudir las piernas de aquella pesadez y encajonamiento, atrapadas en un ritmo lento.



Fue una gran sensación de logro, cerrar a velocidad, aquella distancia de 32 kilómetros. Casi tres horas me llevó este reto, con instantes de fuerza y energía, pero también con sus altibajos, con sus pausas y momentos tranquilos, lentos, animosos, sedientos, desafiantes... de todo un poco se vive al correr, pero que al lograrlo se convierte en satisfacción.

Gracias especiales a quienes nos regalan con su gran trabajo, la evidencia de nuestros esfuerzos, a los fotógrafos como: Yo también corro en Tijuana, Sudor Cachanilla y a Runners in Action.

¡Gracias Zamarrón por la ida y vuelta a Tecate, siempre tan amena la plática!

Cumplir con éste reto, sin embargo, no me hace sentir muy preparado para el maratón de Querétaro, el cual será a 1800 metros sobre el nivel del mar.  Altura... esa gran diferencia que espero no me afecte como me sucedió en el maratón de la Ciudad de México. Tal vez no busque mi mejor marca, pero si trataré de que sea un maratón disfrutable, y si me es posible, si me siento bien, hacerlo debajo de 4 horas. !Se acerca lo bueno!

¡Gracias por tu visita!






miércoles, 14 de septiembre de 2016

Preparación para el Medio de Tecate

Sigo en mis entrenamientos, preparándome para el maratón, y de paso para el medio maratón de Tecate.
La semana pasada quise enfrentarme a cuestas complicadas. Me fui rumbo a Colinas del descanso, pues tenía mucho que no visitaba la tumba de mi madre. Para llegar hasta allá, comienzo desde casa; desde donde vivo debo bajar hacia el bulevar Insurgentes, tomar puente Simón Bolívar, y de ahí muchas calles y pendientes. Son 2.5 kms en ascenso. Lástima que solamente fueron 10.5 kms, pues quería hacer mayor distancia. Estuve un rato en ese sitio y con el regreso, bajar es sencillo, pero habría que subir de nuevo hacia la colonia donde vivo. Total = 21 kilómetros de trote.

Hay que recuperarse con un día completo sin correr, para asimilar el esfuerzo, para que haya progreso. Unas sesiones de gimnasio (aparatos y pesas) trotes de descanso activo y uno "largo" de 10 kms. fue lo que precedió al siguiente reto.
Iba por mis 30 kms. pero al intentarlo apenas podía con el paso o sería que mi cuerpo aún estaba muy adormecido y faltaba oxigenación, el caso es que tras completar 6 kms me avisó (mi organismo) que todavía no estaba listo. Eso fue apenas el lunes 12 del presente mes... así que, cambié al plan B, hacer 10 millas a paso "algo fuerte" cercano a mi ritmo de medio maratón, pero primero descansé, me hidraté y regresé media hora después... y resultó.
Acumulé 1:12:29 horas en esos 16 kms.  Enseguida hice 1 km de trote de recuperación. Total = 23 kms. en esa mañana.



Hoy me lancé por 20 kilómetros más. Aunque únicamente 19k a paso de maratón, o mejor dicho, con el que quisiera llevar en un maratón. Como no hice kilómetros previos de calentamiento, usé los dos primeros a paso algo lento, para poco a poco ir forzando la maquinaria.

Los primeros 5k me salieron en 26:15 minutos, y mi reto era ir acercándome al paso promedio de 5:00'/km.  Había aligerado mis manos, poniendo la bebida en el suelo... la gorra ya mojada de tanto sudar, la puse sobre una rama de un arbusto para que se fuera secando. El viento soplaba fresco, y animado metí un poco más de velocidad en cada vuelta. Así logré 10 kms en 49:56 minutos.

Me fui de ahí, subiendo sobre el suelo terroso e irregular. Me metí a mi pista habitual a seguir dando vueltas... la ventaja aquí, de éste terreno, es que no hay tanto golpeteo en las piernas, y por consiguiente la recuperación es mas rápida.

El campeón  Raymundo Torres en el medio maratón Tecate 2015.


Terminé los 19 kms en 1:33:44 horas. Apenas a paso de 4:56 por km. Fue una manera de exigirme a obtener un resultado sin estar recuperado al cien de los entrenamientos recientes. Pero...

Pero sigue pendiente hacer una distancia de 30 o 32 kilómetros, la cual planeo hacer en Tecate.

Si ven a un loco que después de terminar el medio maratón de Tecate, que no se detiene, que toma su bebida y camiseta tras cruzar la meta, que sigue y sigue corriendo, ese loquillo soy yo, con la idea fija de completar un total de 32 kilómetros... no, no será con afán de presumir que 21 no me fueron suficientes, es que estoy atrasado, pues no he entrenado esa distancia larga que debe ser parte fundamental de mi preparación para maratón, para el cual ya faltan menos de tres semanas.

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