miércoles, 4 de marzo de 2015

Soy el Corredor Lento

Soy el corredor lento, así me llamaban en el parque cuando nadie me conocía: El Corredor Lento, el que siempre va al mismo ritmo.

Me dio por correr después de los 28 años de edad, por tener cierta obesidad, pero con todas las ganas de transformarme por dentro y por fuera... que no piensen que soy tan pesado como un oso, aunque incluso esa bestia es muy feroz; solo que corriendo me sentía como todo un guepardo, por veloz, por ágil y por feroz... no importa que a la vista de alguien, yo fuera todo lo contrario.


Un corredor muy bueno, campeón, de buenos lugares en el podio, y de buenas carreras, siempre me saludaba en el parque y me decía: "Así sigue, no tienes por qué correr mas rápido".  En otras ocasiones cuando intentaba algo de velocidad me decía: "No, bájale al ritmo, no tienes porqué correr velocidad todo el tiempo". Increíble pero cierto, ¿Yo, velocidad todo el tiempo? Después mi conclusión sobre él fue que no quería que otros mejoraran y lo fueran a alcanzar.
Yo seguí acelerando cuantas veces quise, en verdad no le hice caso.

No obstante, siempre he sido lento, ¿eso importa mucho? Me entreno para resistir, para aguantar mas tiempo en movimiento, y al hacerlo puedo disfrutar del paseo kilométrico de maratones ─aun no he corrido un ultramaratón─. Me gusta ver el mundo que me rodea desde la perspectiva que se me ha concedido, la de poder correr o trotar despacio, la de un ritmo lento, así disfruto mas lo que me rodea.
No llevo la presión de quien busca ganarle a otros, si acaso a veces me presiono un poco por vencerme a mi mismo, solo eso. Saber llegar a la meta es lo que cuenta ¿Que no?

No todos los que corren son maratonistas porque no han corrido uno, pero aunque sea lento, puedo decir que soy maratonista y también soy corredor.


Puedo acelerar cuando guste, puedo caminar si así lo quiero, o bajar el paso para beber ese vaso de agua; para tomar lo que desinteresadamente un buen ángel del camino me ofrece. Para saludar a esa persona especial que me extiende su mano o me regala un grito eufórico de apoyo sin conocerme, y lo consigue, me contagia de inmediato, me levanta el ánimo; entonces me siento renacer como el ave fénix, si acaso me sentía agotado o que me iba a desplomar.

Soy el que nunca sale en los resultados de las carreras, porque no hay listas de los que damos siempre lo mejor de nosotros mismos a pesar de no poseer las mejores cualidades deportivas. No hay listas de los últimos 50 o 100 más felices corredores en llegar a la meta. ¡No hay una lista de los que corren con más pasión!

Y, no me agobia no haber sido nunca un corredor veloz, pues yo tengo mi propia velocidad; se que cuando acelero me siento el mas veloz de todos los que corremos lento.
Cuando aprieto el paso y miro al cielo, me invade ese nuevo brío y se refuerza al recordar que alguien especial me espera al cruzar la meta, aunque tenga horas y horas trotando y... tratando de llegar.

Corredor: Luis Morúa; su hija Lilián lo recibe con un abrazo tras cruzar
la línea de meta en un maratón.       Foto: Yo también corro en Tijuana
.

Me dan ganas de abrazar a todos una vez que termino, los conozca o no, y no es que lo haga, solo que el sentimiento me gana y en verdad necesito ese abrazo que me diga sin hablar: "Lo has hecho maravillosamente", "¡Gracias a Dios que llegaste y estás con bien!".

Soy el corredor lento, no me subestimen, que puedo devorar millas lejanas y kilómetros ardientes, senderos de terracería o carreteras benevolentes.

"No importa el paso con que lo hagas, mientras lo hagas con pasión".









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