viernes, 30 de noviembre de 2012

Anécdota: El día que me impidieron correr

¿Alguna vez te ha pasado algo que te haga pensar en no volver a correr?, o ¿has pensado que tal vez lo que practicas está a veces apegado a riesgos o a algunos peligros?. A mi me  ha pasado, aquí está un ejemplo:

Era una tarde de otoño del 2006. Me fui a correr alegremente al CREA (un centro deportivo en Tijuana).
Estaba todo lleno el estacionamiento, así que busqué por fuera algún espacio vacío donde "meter" el auto y con muy poca suerte no lo encontré.
Me fui varias cuadras adelante, a un lado del Hospital General, resignado y dispuesto a dejarlo hasta allá, al fin que correr es lo que me gusta y no importa tanto la distancia. El ánimo por hacer mi deporte no me lo quitaría la lejanía de unas pocas cuadras.

Me bajé del carro, comencé a estirar brazos y piernas, para abajo, hacia el suelo, a un lado, al otro, y en eso... un estruendoso ruido, que suena un arma frente a mi, similar a una metralla. En escasos 3 segundos fui víctima de una descarga de "balas", me fui de espalda, caí sentado y dolorido pensando en que iba a morir, ni mi mente, ni mi alma distinguía en ese breve lapso de tiempo lo que pasaba. Pero logré ver y oír las caras y risas burlescas de un par de fulanos idiotas. ¡¡Desgraciados ociosos!!... claro que el lenguaje que usé hacia ellos fue uno que mas se merecían. Iban en carro de buena marca, negro, al parecer del año, y ellos con pinta de lo que llamamos en México "juniors".


  Esos tres segundos no me permitieron ver mas, ni hacer nada. Pero caí en cuenta de que no eran balas, ya que estaba lleno de colores en varias partes del cuerpo, era pintura. Me habían disparado con lo que "juegan" al paint ball, para lo cual se usan trajes y protectores para ojos y genitales.

Imaginen el tremendo susto, gracias a Dios la mayoría de los que tenemos el hábito de correr tenemos corazones fuertes y sanos, porque de no ser así, el sobresalto me hubiera podido causar tal vez una desgracia, ya que la mente puede engañar al cuerpo, y hay quienes mueren solo del susto. Eso si, estaba muy dolorido y con moretones por todos lados, y con ese sustito que me gané, ya no pude ni pensar en ejercitarme, mi  intento por correr había sido frustrado. Ahora solo veía por mi salud tanto física como emocional.
 ¡Por Dios!, ¿Que le pasa a esa gente, en verdad eso les genera felicidad?. En ese momento me fui de ahí para poder revisarme. ¿Eso me gano por querer correr?



Así hay anécdotas de gente que conozco que han sido perseguidos, mordidos por perros, algunos desafortunadamente atropellados por conductores "distraídos", o los que han estado cerca de pisar alguna serpiente, etc.
No nos rindamos, las cosas buenas y malas nos pasan a todos. Los corredores nos caracterizamos por tener  mucha fuerza de voluntad, y no permitimos que nos derriben los obstáculos fácilmente.

Si un perro nos persigue en esa calle, usamos otra. Si en ese parque nos siguen la abejas, les sacamos la vuelta o nos vamos a otro. Si alguien quiso que dejaras de correr bajándote el ánimo, te levantas otro día y sigues corriendo, y le demuestras a él y al mundo que te rodea que no será fácil detenerte, porque sabes que puedes hacer algo que ellos ni siquiera intentan, y porque tu voluntad se está volviendo de hierro.

Pienso en todo lo que me hubiera perdido si hubiera dejado de correr por aquel susto y mal rato que me hicieron pasar.

¡No te rindas, estamos hechos para esto y mucho mas!.

Gracias por tu visita.

Héctor Buelna M.










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