miércoles, 21 de septiembre de 2016

Medio Maratón Tecate 2016



El 18 del presente mes se llegó la fecha de cumplir el reto, correr el medio maratón de Tecate, pero no sólo eso, sería seguir hasta completar 32 kilómetros, como parte de mi entrenamiento para maratón.

Qué curioso que hacía un poco de frío antes de las 7:00 a.m., y digo qué curioso pues estaban por aumentar drásticamente los grados de la temperatura ambiental.

Entre la demora en las inscripciones, saludos a mis amigos y en averiguar donde dejar mis cosas, no supe como perdí tanto tiempo, que mi calentamiento fue prácticamente nulo, que apenas comenzaba a querer calentar y hacer estiramientos dinámicos cuando se oyó en el voceo que ya arrancaría la carrera, muy puntualmente a las 7:00 a.m.

Iba con mi amigo Nacho Zamarrón y corrimos de inmediato hacia la cola del grupo, y la carrera ya había comenzado. No me importó mucho, pues no tenía intención de correr a tope los 21 kilómetros, que además se comienzan con una buena y prolongada cuesta.

Me fui platicando a pasito tun-tún con Nacho y Luis Morúa durante un medio kilómetro; me despedí y con la idea de ir aumentando el paso poco a poco, ya que esa cuesta y ese paso me servirían de calentamiento. Enseguida me encontré a Gabriel Flores, quien ya había acumulado en sus piernas 50 kms un día antes en el ultra Noble Canyon, y como él, algunos miembros más de su club. Gabo me contagió de su actitud y, yo sabía que mi reto era pequeño comparado con el de él, así que, inspirado seguí aumentando el paso poco a poco y a la vez saludando a cuantos conocía.



Después de la primera vuelta en U ya se había recorrido 2.6 kms... aproveché la bajada para irme a un paso menor a 4:00' por km. Luego me sorprendí que la señora Ninfa iba al mismo paso que yo al emparejarme con ella en el km 3.5. La acompañé un rato, platicamos un poco y nos deseamos suerte.

5 kms en apenas 26 minutos no estaba tan mal por haber hecho la mitad a paso lento, pero ya me estaba poniendo las pilas para no bajar el paso.
Km.8, medio gel, agua y a seguir subiendo por la carretera. Fue grato ver a los que venían de vuelta, los grandes corredores como el mexicalense Daniel Valdez, adelante, en solitario, poderoso, sin que se le notara cansancio, y poco después Alexis Verdugo de Tijuana buscando darle alcance... y así aquel desfile a mi izquierda prosiguió e incluso algunos a quien acostumbo perseguir iban ahí, pero esta vez solo alcanzaría a quien se fuera agotando pues yo no iba empleándome a fondo, solo quería aguantar el ritmo que llevaba hasta el final.

El calorcito ya lo resentía, y bueno, a excepción del primer abastecimiento, todos los demás no fallaron. Por el kilómetro 14 me tomé la mitad del gel que había dejado, llevaba otro por si se ofrecía más adelante, aunque nunca lo usaría.

Al parecer mis entrenamientos recientes de distancia me ayudaron bastante a que el constante sube y baja por las onduladas calles de Tecate no me cansaran mucho. Así fui sumando zancadas, metros y kilómetros hasta lograr oír el barullo de la gente que en el parque Los Encinos ya aplaudían y recibían con entusiasmo a los corredores que uno a uno se acercaban a la meta, sí, faltaban menos de mil metros y ya se captaban esos sonidos de felicidad... y la alegría iba reemplazando el cansancio en los corredores que a mi lado apretaban el paso para llegar con un buen cierre.



Crucé la meta muy contento por lograr llegar en 1:45:30 horas, apenas dos minutos y medio más lento que un año atrás, señal de que si no estuviera yendo por 32 kms, entonces hubiera superado por mucho mi tiempo; estimo que 1:37 horas hubiese logrado... pero bueno, ya será para la próxima.
Al final del reto me enteraría que quedé en el lugar 122 general de 1150 corredores, numerito que me gustó. Mientras tanto, y a paso realmente tranquilo buscaría cubrir 11 kms más.

Entre caminata y trote me acerqué por mi medalla, mi camiseta y un litro de bebida deportiva. Ni hablar, tuve que invertir unos cuatro minutos en ésto: parar en seco, amarrarme la camiseta al cuello, acomodar la medalla bajo la camiseta verde para que no se moviera como péndulo al continuar corriendo. 
Tomé calles desconocidas pero céntricas, luego usé el camino del tren, aprovechando la tierra, y por un momento hasta volteé por si no venía el tren. Había cumplido con la primera parte, correr el medio maratón de Tecate, el más duro y complicado de la región bajacaliforniana, y con optimismo renovado seguía buscando más.

La botella me pesaba en la mano, así que (muy a mi pesar) la destapé, mojé uno de mis muslos, para bajarle el calor, enseguida el otro, bebí un poco, y así aminoré el peso del envase. Me fui rumbo a la ruta de los corredores, a la altura donde ya faltan seis kilómetros para que terminen... vi que algunos ya caminaban... alguno que otro me veía tal vez pensando que equivoqué el camino o que por algún problema me había salido y que por eso estaba en el lado opuesto de la calle; igual la gente que afuera de sus casas o negocios me veía como pensando que yo había perdido el rumbo, incluso, hasta una patrulla me pasó por un lado e igual se me quedaron viendo. Estaba otra vez recorriendo nuevas avenidas.

Para el km. 26 me topé con la ruta del medio (otra vez), iba en sentido contrario y por un caminito de tierra cerca del canal, ¡sí, ese que huele a rayos!
Pronto me había quedado sin líquidos, ¡ah pero ahí andaba mojándome las piernas por no cargar peso extra!  En eso me metí mejor al sentido de los corredores que ya se acercaban a la meta del medio maratón. En el último abastecimiento me hicieron el favor de rellenarme a un cuarto la dichosa botella; no pedí más pues sentí que no tenía derecho de beber de nuevo, pues se veía que les quedaba poca agua y aún venían corredores atrás, sabrá Dios cuantos más y que tan lejos.


Me encontré a Verónica Galvez, una amiga y nueva corredora, quien batallaba por avanzar. Decidí acompañarla hasta la meta para darle ánimos, y es que sé lo que se siente por ir adolorido de una pierna y estar tan agotado... no obstante, le echó ganas y me separé para verla cruzar la meta mientras yo tomaba la calle opuesta para evitar cruzar otra vez el arco de la meta. Más de uno se me quedó viendo, confundidos porque aparentemente no quise cruzarla, y es que ya lo había hecho.

De nuevo tomé el mismo camino, animado pues ya me faltaban únicamente 3 kms. Detrás de una plaza descubrí un trail, ¿cómo no lo vi desde un principio? Bajé hacia él, cansado del pavimento y el asfalto. Nuevamente, me había quedado sin algo para beber, pero no me importaba ya mucho.
No me quise ir muy lejos, estimando 1500 metros para regresar al punto del evento. Y, como suele pasarme, me emocioné en el último kilómetro y le di fuerte al paso, a como saliera, para sacudir las piernas de aquella pesadez y encajonamiento, atrapadas en un ritmo lento.



Fue una gran sensación de logro, cerrar a velocidad, aquella distancia de 32 kilómetros. Casi tres horas me llevó este reto, con instantes de fuerza y energía, pero también con sus altibajos, con sus pausas y momentos tranquilos, lentos, animosos, sedientos, desafiantes... de todo un poco se vive al correr, pero que al lograrlo se convierte en satisfacción.

Gracias especiales a quienes nos regalan con su gran trabajo, la evidencia de nuestros esfuerzos, a los fotógrafos como: Yo también corro en Tijuana, Sudor Cachanilla y a Runners in Action.

¡Gracias Zamarrón por la ida y vuelta a Tecate, siempre tan amena la plática!

Cumplir con éste reto, sin embargo, no me hace sentir muy preparado para el maratón de Querétaro, el cual será a 1800 metros sobre el nivel del mar.  Altura... esa gran diferencia que espero no me afecte como me sucedió en el maratón de la Ciudad de México. Tal vez no busque mi mejor marca, pero si trataré de que sea un maratón disfrutable, y si me es posible, si me siento bien, hacerlo debajo de 4 horas. !Se acerca lo bueno!

¡Gracias por tu visita!






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