domingo, 30 de noviembre de 2014

La Patada de mula

 Siempre que me invadía de optimismo y con ganas de sentirme fuerte y tan ágil como los atletas que veía en la tele, en los juegos olímpicos específicamente, me iba a trotar a la carretera que queda cerca de casa, a menos de un kilómetro. Hacía lo poco que sabía sobre estiramientos y comenzaba.

Era a inicios del nuevo siglo, y algo me perseguía desde que era adolescente y hasta ese momento. Algo que ocasionaba que correr fuera sinónimo de dolor y no precisamente de salud. Quería hacer mas distancia o dejar mis huellas de velocidad sobre el asfalto, pero de nueva cuenta esa visita inesperada fue tan constante en mis intentos que pasó de ser inesperada a una molestia ya esperada.
Lo mio era el gym  y no correr, pero mi espíritu libre buscaba expandir mas esa libertad dejándome llevar entre amplias calles o en este caso la carretera.


En ese tiempo tenía un amigo, un vecino mucho mayor que yo, no recuerdo de que ciudad era, pero era del sur de nuestro país, super delgado el, (nada que ver a como lucía yo) le encantaba correr, me invitaba a la carretera a practicar. Aprendí mucho de el viendo como hacia las cosas. Me platicaba de algunas carreras dominicales a las que asistía, y que le gustaría que yo tomara una buena condición física para que lo acompañara.

Pasaron semanas y tuve algunas mejorías, ya aguantaba mas tiempo en movimiento, solo que no podía ir al paso de el y yo terminaba corriendo en solitario y mucho menos distancia. ¿Por qué lo menciono a el?, porque siento que pude haber sido corredor desde muchos años antes -desde que lo conocí- y pude haber aprendido mucho mas de el, pero desafortunadamente tuvo que regresarse a su ciudad de origen y yo quedé algo desmotivado, ya no fui tan constante en los entrenamientos, además que yo ya comenzaba a querer meter velocidad para tratar de seguirle el paso justo cuando se marchó; y extrañé a ese vecino, que como me hubiera ayudado con la novedad de esa "visita", por lo menos con algún consejo.
Justo era por acelerar y tomar aire a grandes bocanadas que esa canija visita llamada “Patada de mula o de caballo” me daba una y otra vez cada que salía a correr. ¿Qué estaba haciendo mal?.


Cambié de terreno yéndome al parque mas cercano, sobre tierra, alrededor de un lago y entre eucaliptos y, de nuevo me atacaba ese dolor a un costado del estómago, del lado izquierdo. Debía bajar el paso, a veces detenerme y caminar, pero el sentimiento de que correr no era lo mío me llegaba una y otra vez.  Muchas veces se repitió lo mismo, a pesar de que no corría seguido, ni siquiera podría llamarme a mi mismo “corredor” en ese entonces por no practicarlo muy a menudo.

Al documentarme un poco sobre el tema, vi que el dolor conocido como patada de mula ataca a muchos corredores principiantes, era básicamente causada por la mala respiración, un descontrol del ritmo de la misma y por un exceso de aire tomado por la boca.

Así que tomando en cuenta eso, pasados los años cuando retomé los buenos hábitos de trotar y correr, me propuse cuidar mucho mi forma de respirar, siendo consciente sobre ello al correr, y ya no solo llevándome los dedos de una mano para presionar sobre la zona dolorida. Ahora ese malestar se iba pronto. Mi ritmo o control de la respiración cambió, y por ende la mencionada patada de mula dejó de visitarme. No era ella, era yo quien le abría la puerta a la visita. Sin embargo, ya le he dicho adiós definitivamente al corregirme, bueno espero que nunca mas toque a mi puerta ni a la de nadie.

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Si padeces de este mal, aqui te dejo mas información importante para que puedas erradicarlo :





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