lunes, 5 de enero de 2015

El corredor extraviado en los cerros

"Tener una aventura en solitario, no siempre termina en algo muy bueno, de hecho las cosas pueden resultar muy mal, por eso elegí compartir ésta historia, para tal vez evitar que a alguien mas le suceda lo mismo que a su protagonista"


En la mañana de ese jueves de primavera me fui manejando hacia el rumbo de Tecate, iba con la firme decisión de trotar un buen kilometraje, no para entrenar para un maratón, podía ser mas bien que me animara a un ultramaratón que hay a mediados de año.

Dejé mi auto encargado a un amable señor que atendía una tiendita, le dije que volvería en unas tres horas a lo mucho.
Por ser jueves no tuve quien me acompañara de mis amigos corredores, que en ese día estaban ocupados, pero yo no quise esperar al fin de semana, dicen que el mejor momento para correr es cuando uno tiene ganas de hacerlo, y yo no quería dejarlo para después.

Por ese rumbo queda un Rancho llamado Banchetti, aunque lo que les estoy relatando me pudo haber sucedido en cualquier otro lugar.

 Está hermoso el día, quiero hacer unos 34 o 35 kilómetros, mi reloj con Gps me indica que distancia llevo. Me acompaña una botella con agua de unos 600 ml. y mis enormes ganas de devorar senderos rodeados de bellos paisajes.



Muchas cuestas tuve que subir, algo que me gusta para fortalecer las piernas. Poco a poco fui dejando todo atrás hasta que ni una casita se veía ya entre cerros y mas cerros.

¿Que mas da que lo haga solo?, me considero fuerte y con mi experiencia previa al correr con mis amigos ya se todo lo que tengo que hacer...oh! solo que esta vez nadie sabe que me vine a correr por estos rumbos, ni siquiera lo publiqué en mi red social y el teléfono ─si es que acaso agarra señal en esta zona─ lo dejé dentro del auto.

Soy de los que gustan correr sin mucho peso encima, no me gustan los cinturones para cargar varias botellas con bebidas... oh! otro error, creo que la botellita que traigo es muy poca bebida para hacer mas de 30 kilómetros.

De pronto estornudaba, creo era alergia por el polen de alguna planta, dejaba de hacerlo pero al poco rato me daba de nuevo, pero yo no soy de alergias, ¿acaso me voy a enfermar?. 

Veía mi distancia agregada en el reloj, ya con 15 kms. y no se si era que amanecí con las pilas bajas de energía y la emoción por correr no me dejo darme cuenta de ello, pero recapacité en que no hice un desayuno pre-carrera, como ya lo he hecho en otras ocasiones, comer algo ligero para que no falle la energía... ¡pero vamos!, como pude olvidar cargar al menos un gel, con lo que ayudan a recuperarse un poco los electrólitos; siempre que he entrenado algo mayor a 30 kms. uso al menos un gel que me aporte glucosa y los minerales que se pierden al sudar, ésta vez no cargaba con ninguno.

Los bellos lugares que se presentaban ante mi, con opciones de caminos y mas caminos por recorrer me convencían de elegir entre ellos y de ir mas allá... y me lanzaba a la aventura, tratando de memorizar cada nuevo camino para regresarme por donde mismo.

Me dispuse a regresar cuando calculé que cierta debilidad llegaba ya a mis piernas, y es que tanto terreno irregular me exigía mucho, con infinidad de cuestas desafiantes, ligadas a fuertes bajadas que me pedían absoluto enfoque en la colocación de mis pies, que una mala pisada podría resultar en un doloroso esguince de tobillo.

De repente el clima había cambiado, estaba algo nublado y con vientos fríos, vaya, me dio mucha hambre, que hasta deseaba encontrarme algún árbol frutal, pero no, en estos lugares no existen.
Comenzaba a lamentarme por haberme confiado, por no llevar lo necesario para realizar un exitoso entrenamiento, y ... me detuve en el km.22.  No me gusta caminar, no vine a ésto, pero lo haré, que aun falta mucho para estar de regreso ─me dije.



Me quedaba muy poca agua, la reservaba a pesar de que moría de sed, pero ni siquiera había un arroyito cerca donde poder rellenarla.
Extrañé mucho el sabor y bienestar que proporciona una bebida deportiva, o un suero, que siempre ayudan mucho en casos de carrera de distancia y sobre todo en éste tipo de terreno demandante.

Y en eso que veo una botella de plástico con agua, estaba tirada al otro lado de un cerco de púas, estiré mi brazo para tomarla, ¿estará buena?, ¿tendra mucho tiempo aquí?
La probé un poco... luego un trago y... sabía asquerosa, a pesar de lucir cristalina, y al lanzar al suelo el envase, éste de rompió y derramó, vaya, por el sol, posiblemente ya estaba en ese estado.

Caminé un rato mas con ese desagradable sabor de boca. Ahora deseaba encontrarme frente a alguna casa para pedir agua, y si me atrevía, también alguna cosa para comer. 
No me gustaba para nada como me estaba sintiendo, nunca me había pasado algo así.

Retomé mi trote y fue en ése momento que me di cuenta que el sendero era desconocido para mi, creo que en algún momento me equivoqué y tome otro rumbo, pero según mi instinto seguía hacia el norte y debía llegar a donde comencé toda esta ocurrencia de venir a la guerra y desarmado.

Como al km. 25, que por cierto ya caminaba de nuevo, me encontré finalmente una casa habitada, muy humilde, que hasta pena me daba la idea de pedir alimento, pero al menos agua he de pedir... lo hice y una señora con un niño pequeño salieron a ver al extraño vagabundo (¿corredor?), y muy amablemente aquella joven mujer me rellenó totalmente la botella que llevaba a pesar de que le solicité que solo me diera la mitad de llenado... ¡Dios bendiga a esa señora y su familia!



Trotando continué por un rato mas, pero era increíble, no podía completar ni un solo kilómetro, tenía que caminar nuevamente, y además hacerlo lento. Me senté a descansar en el suelo mirando hacia los valles para relajarme, me propuse a respirar profundamente, me bebí media botella del agua, pero mi debilidad no desaparecía del todo y emocionalmente aquello se estaba convirtiendo en angustia.

Después de unos diez minutos de descanso continué; a lo lejos veía lugares que estaba seguro eran por donde ya había pasado, y seguí un ancho camino, donde evidentemente pasaban los carros, y me prometí que si alguno pasaba le pediría raite, y adiós a mi orgullo de hacer siquiera 30 kms.

Troté un poco mas, pues me daba cuenta que el tiempo pasaba y que me iba a llevar mi "chistecito" mas de cuatro horas en total.
Ya no tenia sed, sin embargo, si desconocía a mi cuerpo, pues ¿como me pasa esto y justo en un lugar alejado como este?, ¡nadie sabe que estoy aquí!... y al pasar pocos minutos mi sorpresa fue mayúscula, pues solo tenia ganas de caminar, pero no podía hacerlo rápido, y al caminar me tambaleaba, me iba un poco hacia los lados, me imagine que algo parecido les sucede a los que se emborrachan.

Llegué a dudar del trago que le di a esa botella de agua que encontré tirada,  "¿no estaría algo envenenada con alguna sustancia extraña, la cual le dio ese sabor tan repugnante?, ¿por que me siento así de tembloroso?, me desconozco"... y la cosa empeoró, me tuve que sentar en el suelo, a la orilla del camino, con los brazos extendidos hacia la tierra, y agachado, como evitando por vergüenza ser visto por el mismísimo cielo y así me quedé un buen rato.

La sensación de cansancio era extrema, incluso me daban ganas de echarme a dormir ahí mismo, o a un lado, entre los matorrales, pero si alguien me ve pensará que morí...  y si me acuesto ¿y me sale una serpiente de cascabel?, en eso caí en cuenta que arriba revoloteaba un grupo de aves negras, no supe si eran zopilotes o cuervos, pero me dieron muy mala espina, e hice un gran esfuerzo, me levanté de ahí... y a caminar nuevamente.



Tuve que orar mientras caminaba, pidiendo que no fuera a quedar por ahí tirado, en ese lugar desconocido, ¿quien me iba a encontrar?, vaya, no estaba muriéndome, pero si sentía que podía desmayarme en cualquier momento y quien sabe en cuanto tiempo despertaría.

Al poco rato, no se como fui a dar con un camino que reconocí, sin querer llegué al entronque de uno por el que si había pasado en un inicio, y eso me reanimó, de modo que ya caminaba y a paso mas veloz, a la vez seguía respirando profundo.

Iba a regresar con cerca de 32 kms sumados en el reloj y, amontonados en mi debilucho cuerpo.

Había aprendido muchas lecciones en un solo día... "solo quiero llegar, llegar ya"... ¡muero de hambre!

Pasó una camioneta con dos tripulantes y se me quedaron viendo, pero no quise ya pedir raite, faltaba solo una milla para llegar, ahora la recorro, ahora que me ha llegado esta pequeña fuerza que me impulsa, ¿de donde llegó?, ¿del cielo?, ¿la tenía reservada acaso?  

Y enseguida pasé de caminar a paso veloz al trote, reconociendo con alegría que ya estaba llegando, al fin. ¡En cuanto llegue a donde me cuidan mi carro compraré... lo que sea que se coma!

"Sé que hice muchas cosas imprudentes, me pudo haber ido peor... y te las cuento para que aprendamos de los errores ajenos, pues incluso hay casos peor que el mio, de corredores mas experimentados que se han extraviado por días enteros, incluso hubo quien dejó este mundo por realizar su deporte favorito en condiciones similares, y es que como es bien sabido: al mejor cazador se le va la liebre;  procura organizarte bien, que cuando lo hagas nunca te falte nada, ni siquiera una buena compañía".


Narrado y escrito por Héctor Buelna

Contado por un corredor Anónimo









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